Casi 50 años después, la comunidad nativa de Noronkiari, en Ucayali, sigue esperando lo más elemental: una vía de acceso, servicios básicos y atención oportuna de salud. No pide lujos, megaproyectos ni discursos ceremoniales. Pide dejar de caminar un día entero para llegar a una carretera y hasta un día y medio para alcanzar un puesto médico.
La denuncia de su jefe comunal, Víctor Cubos Rojas, retrata una realidad que el Estado suele recordar solo cuando una emergencia se vuelve noticia. Mientras en Lima se anuncian planes, reformas y presupuestos, en Noronkiari una hemorragia posparto puede convertirse en una sentencia por falta de camino.
La comunidad no cuenta con carretera de acceso ni servicios básicos. Para salir hacia la carretera marginal de Atalaya, sus habitantes pueden caminar hasta un día. Para llegar al puesto de salud de Impamequiari, el trayecto puede demandar un día y medio a pie o casi cinco horas en camioneta. Esa distancia no es solo geográfica: expresa la enorme brecha entre el Estado que promete derechos y el Estado que realmente llega.
Durante décadas, la comunidad ha presentado solicitudes a autoridades distritales, provinciales y nacionales. La respuesta ha sido una larga colección de omisiones. Los documentos se reciben, los expedientes circulan y los funcionarios cambian, pero la carretera sigue sin existir. La burocracia viaja con más facilidad que los propios ciudadanos.
El caso de una joven madre que sufrió una grave hemorragia después de dar a luz expuso la dimensión del abandono. Solo después de que su situación fuera difundida públicamente se logró trasladarla a un hospital de Satipo. La ayuda llegó, pero llegó porque hubo micrófonos. Esa es quizá la expresión más dura de la desigualdad: para ser atendido, primero hay que volverse noticia.
La falta de una vía también limita el desarrollo económico. Noronkiari produce café, pero sin acceso adecuado resulta difícil trasladarlo, comercializarlo y obtener ingresos dignos. El aislamiento no solo enferma; también empobrece y condena a la dependencia.
El Gobierno debe priorizar la construcción y mantenimiento de la vía hacia Noronkiari, garantizar atención sanitaria cercana y asegurar servicios básicos permanentes. No basta con una intervención de emergencia ni con promesas renovadas cada cambio de gestión.
Reflexión final
Un país que abandona durante medio siglo a una comunidad nativa no puede hablar seriamente de inclusión. La ausencia de carretera, salud y servicios básicos no es un accidente administrativo: es una forma prolongada de injusticia. Noronkiari no necesita compasión. Necesita que el Estado, por fin, cumpla. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
