Ministerio de Salud: ¿gestión técnica o cuotas de poder?

El Ministerio de Salud debería ser uno de los espacios más técnicos y rigurosos del Estado. Allí se decide si habrá medicinas, camas hospitalarias, campañas de vacunación, atención primaria y capacidad para enfrentar epidemias. Sin embargo, el nuevo gobierno parece dispuesto a convertirlo nuevamente en una vitrina de confianza política, donde la cercanía pesa más que la experiencia y los cuestionamientos se consideran simples incomodidades.

Alfonso López Chau resumió el problema con una frase incómoda para el poder: el país necesita autoridades elegidas por mérito, no por padrinazgos. Su pronunciamiento surge tras la designación de Luis Williams Dyer Fernández como ministro de Salud, empresario vinculado al sector del acero y exjefe de personeros de Keiko Fujimori.

La presidenta ha defendido su elección afirmando que priorizó la capacidad de gestión y los resultados. Pero gobernar el Minsa no consiste en revisar balances, ordenar almacenes o dirigir una empresa privada. Significa comprender un sistema fragmentado, desigual y permanentemente desbordado. La administración empresarial puede aportar, pero no reemplaza la experiencia sanitaria, el conocimiento técnico ni la autoridad para conducir políticas públicas complejas.

El razonamiento oficial parece demasiado conveniente: como los médicos no han solucionado la crisis, probemos con alguien ajeno al sector. Bajo esa lógica, también podríamos colocar a un epidemiólogo al frente de una siderúrgica y esperar que aprenda durante la marcha. La diferencia es que, en el Minsa, los errores no se traducen únicamente en pérdidas económicas: pueden significar pacientes sin tratamiento y vidas expuestas.

La llegada de Juan Carlos Gonzáles a la Secretaría General agrava las dudas. Su vínculo familiar con el líder de Alianza para el Progreso alimenta la percepción de una cuota partidaria. Además, enfrenta pedidos fiscales de prisión e investigaciones por presuntas irregularidades. No existe condena y corresponde respetar la presunción de inocencia, pero también resulta legítimo preguntar por qué una gestión que promete eficiencia comienza seleccionando perfiles que obligan a dar explicaciones antes de presentar resultados.

El Perú posee profesionales especializados en administración sanitaria, salud pública, logística hospitalaria y gestión presupuestal. Ignorarlos para privilegiar cercanías políticas no es renovación: es repetir la vieja fórmula con un envoltorio distinto.

El Minsa no necesita padrinos, operadores ni experimentos administrativos. Necesita autoridades competentes, independientes y libres de cuestionamientos que debiliten su legitimidad desde el primer día.

Reflexión final
Mientras los partidos se reparten oficinas, los pacientes se reparten turnos, esperas y frustraciones. En la política, un nombramiento equivocado puede corregirse; en un hospital, una decisión tardía puede no tener remedio. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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