Gianni Infantino ya no enfrenta una simple discrepancia institucional. Enfrenta un ultimátum. La UEFA sostiene que perdió la confianza en el presidente de la FIFA después del fracaso de FIFA Forward Enterprise, el proyecto que buscaba vender una participación de las principales competiciones —incluido el Mundial— a inversionistas privados.
La advertencia es directa: renunciar o exponerse a una moción de censura. El proyecto fue retirado, pero la crisis no terminó. Cuando una propuesta nace en secreto, avanza con prisa y cae solo por la presión internacional, archivar el expediente no devuelve automáticamente la credibilidad.
Según la información difundida por The Telegraph, los 55 miembros de la UEFA estarían dispuestos a impulsar la destitución de Infantino si se niega a dimitir. Para convocar el procedimiento se requeriría el respaldo de 43 asociaciones. La amenaza demuestra que Europa ya no busca únicamente frenar una operación financiera: pretende revisar quién gobierna la FIFA y cómo lo hace.
La UEFA celebró que el proyecto fuera cancelado, pero denunció que no se puede continuar con planes concebidos a puerta cerrada, elaborados por actores poco identificados y presentados como hechos casi consumados. También exigió determinar responsabilidades y preservar la documentación relacionada con la propuesta.
El reproche golpea directamente las promesas formuladas por Infantino cuando fue elegido en 2016. Entonces habló de transparencia, participación diaria de las federaciones y recursos destinados exclusivamente al desarrollo. Hoy la UEFA sostiene que esas promesas quedaron contradichas por una iniciativa opaca y acelerada.
La pregunta financiera tampoco desaparece. Si la FIFA dispone de reservas superiores a los 5.000 millones de dólares, ¿por qué era necesario vender una parte de sus activos comerciales más valiosos? Europa propone utilizar esos fondos para fortalecer el fútbol base y los programas destinados a las 211 asociaciones, sin entregar “las joyas de la corona” a capitales privados.
El problema, por tanto, no fue solo el proyecto. Fue el método: poca consulta, demasiada urgencia y una confianza excesiva en que las federaciones aceptarían la propuesta por disciplina o necesidad económica.
La retirada de FIFA Forward Enterprise fue una derrota política. El ultimátum europeo transforma esa derrota en una amenaza directa contra la continuidad de Infantino.
Reflexión final
Renunciar no repararía por sí sola la gobernanza de la FIFA, pero permitir que todo continúe como si nada hubiera ocurrido sería todavía peor. La institución necesita transparencia, controles y responsabilidades reales.
Infantino quiso demostrar que podía ampliar el negocio del fútbol. La UEFA ahora pretende demostrar que ningún presidente está por encima de la institución. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
