El fujimorismo toma el control político del Senado de la República

La bicameralidad regresó al Perú con la promesa de mejorar la calidad legislativa, generar contrapesos y evitar los excesos de un Congreso desacreditado. Pero el estreno comienza dejando una señal que merece vigilancia: Fuerza Popular no solo constituye la bancada más numerosa del Senado, sino que presidirá varias de las comisiones con mayor capacidad de decisión y control político.

Constitución, Inteligencia, control sobre los actos normativos del Ejecutivo y la Comisión Bicameral de Presupuesto quedarán bajo conducción fujimorista. Si alguien esperaba un Senado diseñado principalmente para equilibrar poderes, conviene revisar cuidadosamente el tablero: el oficialismo ha conseguido posiciones privilegiadas justamente donde se escriben las reglas, se vigila al Ejecutivo y se decide buena parte del manejo presupuestal.

La pieza principal es la Comisión de Constitución, Reglamento y Relaciones Exteriores. Fuerza Popular conservará un espacio que ya viene conduciendo desde 2021. Desde allí se procesan reformas constitucionales y reglamentarias capaces de alterar profundamente el funcionamiento del Estado.

No estamos hablando, precisamente, de la comisión encargada de escoger el menú de la cafetería.

A ello se suma la conducción de Inteligencia, del Control Político sobre los Actos Normativos del Poder Ejecutivo y Regímenes de Excepción, además de la estratégica Comisión Bicameral de Presupuesto y Cuenta General de la República. Constitución, inteligencia, fiscalización normativa y presupuesto: difícilmente podría diseñarse un paquete de mayor influencia institucional.

Renovación Popular, ubicada también en el bloque de derecha, presidirá Justicia y Derechos Humanos y Defensa Nacional y Orden Interno. Así, sectores políticamente cercanos al oficialismo concentrarán posiciones particularmente sensibles para el equilibrio democrático.

Es cierto que la oposición conservará espacios destacados. Juntos por el Perú conducirá Gestión del Estado y Contraloría, Ética Parlamentaria y Procedimientos Especiales; ahora Nación tendrá Economía; Buen Gobierno, Salud; y Obras encabezará Desarrollo Productivo, Energía, Minas, Infraestructura y Trabajo.

Pero repartir algunas presidencias no elimina la pregunta fundamental: ¿quién controla las llaves de las comisiones que pueden modificar las reglas del juego?

El problema no es que Fuerza Popular presida comisiones conforme a su representación parlamentaria. Eso forma parte de la democracia. El riesgo aparece cuando una mayoría política convierte esa legitimidad numérica en predominio institucional y reduce los contrapesos que precisamente deberían justificar la existencia del Senado.

Reflexión final
La bicameralidad debía significar más equilibrio, deliberación y vigilancia. Si termina convirtiéndose en una arquitectura para concentrar poder, habremos recuperado dos cámaras para reproducir los mismos problemas. Fuerza Popular tiene derecho a gobernar y ejercer su mayoría; lo que no debería recibir es un cheque en blanco. En democracia, cuanto mayor es el poder, mayor debe ser la fiscalización. Y cuando Constitución, presupuesto, inteligencia y control político quedan bajo una misma fuerza, vigilar deja de ser oposición: se convierte en obligación democrática. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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