Elecciones regionales y municipales: debates en septiembre

Las Elecciones Regionales y Municipales 2026 avanzan con una contradicción difícil de justificar: los candidatos llevan semanas pidiendo votos, pero el debate organizado para explicar seriamente qué harán con el poder recién comenzará el 13 de septiembre. En Lima Metropolitana será todavía después: 21 y 22 de septiembre, apenas doce días antes de las elecciones del 4 de octubre.

Primero nos venden al candidato. Después conoceremos, quizá, cómo pretende gobernar.

Hasta ahora, buena parte de la campaña ha estado dominada por tachas, renuncias, exclusiones, controversias jurídicas, candidaturas cuestionadas, acusaciones y estrategias para permanecer en carrera. Mucho cálculo electoral y demasiada política dedicada a conquistar el cargo; bastante menos discusión sobre qué hacer realmente después de conquistarlo.

El 5 de septiembre recién tendremos la lista definitiva de postulantes. Luego vendrán los debates. El cronograma puede ser legalmente válido, pero políticamente es deficiente: se enfoca en el principal momento de comparación de propuestas cuando una gran parte del electorado ya ha formado sus preferencias a través de publicidad, redes sociales, popularidad y cobertura en los medios.

Y tampoco necesitamos debates convertidos en concursos de oratoria. Queremos candidatos respondiendo preguntas incómodas. ¿Cuánto cuesta su plan? ¿De dónde saldrá el dinero? ¿Qué obras priorizarán? ¿Cómo combatirán la corrupción municipal? ¿Qué harán frente a la extorsión y la inseguridad? ¿Cómo resolverán transporte, residuos y desarrollo urbano? ¿Qué promesas dependen realmente de sus competencias?

Porque ofrecer aquello que legalmente no pueden ejecutar también es una forma de engañar al elector.

Mientras los candidatos preparan discursos, el propio proceso enfrenta dificultades. El JNE ha advertido riesgos relacionados con El Niño tras evaluar 10.180 locales de votación en 1.892 distritos. Además, en 518 distritos todos los electores acudirían a un único recinto. La democracia tendrá que enfrentarse simultáneamente a candidatos todavía en definición, riesgos logísticos y un calendario apretado.

Los debates deberían desnudar la improvisación. Quien aspire a manejar millones de soles públicos debe demostrar mucho más que facilidad para una entrevista o habilidad para fabricar un video viral.

Reflexión final
Resulta revelador que el sistema conceda meses para colocar rostros, pintar paredes y repetir consignas, pero reserve las últimas semanas para confrontar proyectos. En el Perú electoral parece importar primero quién quiere el poder y recién después para qué lo quiere.

Y cuando las propuestas llegan casi al final de la campaña, el debate corre el riesgo de convertirse en lo que nunca debería ser: la letra pequeña del contrato que el elector está a punto de firmar con su voto. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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