Perú pierde 59% de sus glaciares y el Estado sigue mirando el deshielo

El Perú ha perdido 59% de su superficie glaciar en apenas seis décadas. La cifra es brutal, pero todavía más grave es lo que significa: menos agua, más inestabilidad en las montañas y mayor riesgo de avalanchas, aluviones y desbordes. Según el Inaigem, el retroceso glaciar ya está transformando peligrosamente varias zonas del país.

No estamos ante una postal triste del cambio climático. Estamos ante una amenaza concreta. Y, como tantas veces, la ciencia avisa mientras la política bosteza.

El nuevo Inventario Nacional de Glaciares registra alrededor de 4.500 glaciares. Sin embargo, el retroceso del hielo está formando nuevas lagunas y expandiendo otras. El Inaigem ha identificado 528 lagunas con riesgo de desborde, de las cuales 58 presentan riesgo alto, principalmente en Áncash y Cusco.

La pregunta resulta evidente: ¿qué está haciendo el Estado con esa información?

Porque identificar el peligro no basta. Monitorear grietas tampoco. Publicar mapas y estudios sirve, sí, pero una laguna no se contiene con un PDF ni una avalancha se detiene con una conferencia de prensa.

En el entorno del Huascarán, el Inaigem ya vigila un glaciar con grietas y riesgo de desprendimiento. En Yungay, las autoridades han advertido que una eventual avalancha podría poner en peligro a decenas de miles de personas. El riesgo está documentado. El mapa existe. La amenaza tiene ubicación.

Lo preocupante es la antigua costumbre nacional de esperar el desastre para recién movilizar presupuesto, maquinaria y ministros.

Cuando las alertas existen con anticipación, ya no se puede hablar de sorpresa. Si una comunidad termina afectada por un aluvión que había sido advertido, el problema deja de ser exclusivamente natural y se convierte también en una falla de gestión pública.

El Gobierno debe acelerar sistemas de alerta temprana, obras de protección, rutas de evacuación, monitoreo permanente y planes de reubicación donde sea necesario. También debe garantizar presupuesto para prevención real, no para fotografías posteriores a la tragedia.

Reflexión final
Perder 59% de los glaciares no es perder paisaje; es perder seguridad, agua y futuro. Y saber que 528 lagunas pueden desbordarse sin actuar con la urgencia necesaria roza lo irresponsable. El hielo se está derritiendo. Lo que no debería seguir congelado es la capacidad del Estado para prevenir. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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