¿Sabías que un estadio en Lima Sur terminó como basurero?

¿Sabías que en Lima Sur existe un estadio que costó más de S/18 millones y terminó convertido en basurero? No es una exageración ni una metáfora. Es el caso del estadio municipal San Genaro, en Chorrillos, una obra que debía servir para promover el deporte, integrar a la comunidad y ofrecer oportunidades a niños y jóvenes, pero que hoy permanece abandonada, deteriorada y usada como depósito de residuos, maquinaria y vehículos. Lo que debía ser un espacio de encuentro ciudadano terminó convertido en una vergüenza urbana.

El estadio fue “inaugurado” en 2012, pero nunca funcionó como debía. Desde entonces, acumula más de una década de abandono, sin cumplir la finalidad pública para la que fue construido. Lo más grave es que no se han encontrado documentos técnicos suficientes que sustenten adecuadamente su ejecución: expedientes, facturas o registros claros de contratación. Es decir, se gastó dinero público, pero no quedó una obra útil ni una explicación transparente.

La indignación crece cuando se observa el contraste. En una ciudad donde faltan canchas, espacios deportivos seguros y alternativas reales para alejar a los jóvenes de la violencia, una infraestructura con capacidad aproximada para 25 mil espectadores y con 50 palcos está cerrada, deteriorada y convertida en foco de basura, malos olores y plagas. Donde debía haber fútbol, campeonatos barriales, escuelas deportivas y vida comunitaria, hoy hay desidia. Donde debía haber gestión, hoy hay abandono.

El futuro del estadio también resulta preocupante. La Municipalidad de Chorrillos evalúa si la estructura puede ser recuperada o si deberá ser demolida por riesgos estructurales. Si eso ocurre, el país habrá pagado una obra millonaria para luego pagar, quizá, su demolición. El absurdo perfecto: gastar para construir algo que nunca sirvió, abandonarlo durante años y volver a gastar para borrar la evidencia del fracaso.

El caso San Genaro no es solo un problema de Chorrillos. Es una muestra de cómo se administra mal el dinero público cuando no hay control, planificación ni rendición de cuentas. La ciudadanía merece saber quién decidió, quién ejecutó, quién supervisó y quién permitió que una obra millonaria acabara como basurero.

Reflexión final
Un estadio abandonado no es solo cemento perdido. Es juventud abandonada, deporte frustrado y confianza ciudadana golpeada. Porque cuando una obra pública termina entre basura, lo que realmente queda al descubierto no es solo la ruina del estadio, sino la ruina moral de una gestión que prometió desarrollo y entregó abandono. (Foto: Minagri).

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