Más de 120 peruanos habrían viajado a Moscú atraídos por ofertas de trabajo de hasta US$50.000, pero terminaron vinculados a la guerra entre Rusia y Ucrania. Lo que se ofrecía como empleo en seguridad, cocina o electricidad habría acabado, según denuncian sus familiares, en traslado a zonas de conflicto, incomunicación y desesperación. No es solo una historia de engaño internacional; es el retrato de una necesidad peruana convertida en mercancía de guerra.
Los testimonios son alarmantes. Familiares aseguran que sus parientes fueron llevados con promesas de trabajo civil, incluso para cuidar instalaciones o embajadas, pero luego habrían sido enviados al frente sin información clara ni consentimiento real. Algunos perdieron contacto con sus familias a las pocas semanas de llegar a Rusia. Otros estarían desaparecidos. En medio de la incertidumbre, los familiares realizaron un plantón frente a la Embajada de Rusia en Lima para exigir respuestas, justicia y ubicación de sus seres queridos.
La pregunta incómoda es cómo más de un centenar de peruanos pudo quedar atrapado en una guerra ajena bajo ofertas laborales tan desproporcionadas. La respuesta tiene dos caras: por un lado, la posible existencia de redes de captación que se aprovechan de la necesidad; por otro, el abandono estructural que empuja a ciudadanos a aceptar cualquier promesa de futuro, incluso en escenarios de riesgo extremo.
Aquí la pobreza también recluta. Cuando un peruano acepta cruzar medio mundo para buscar ingresos imposibles, no siempre lo hace por ambición; muchas veces lo hace por desesperación. Detrás de cada viajero hay familias, deudas, hijos, carencias y un país que no ofreció oportunidades suficientes. Esa vulnerabilidad se convierte en terreno fértil para el engaño.
La Cancillería ha informado que realiza seguimiento, ha solicitado datos oficiales y logró repatriar a algunos compatriotas. Pero eso no basta. El Estado debe investigar quiénes captaron a estos peruanos, qué agencias o intermediarios participaron, qué contratos firmaron, qué advertencias se dieron y qué responsabilidades existen. No se puede responder a un posible reclutamiento irregular con comunicados cautelosos y asistencia limitada.
Más de 120 peruanos viajaron a Moscú buscando trabajo y habrían terminado en una guerra que no era suya. Ese hecho exige una respuesta firme, diplomática, penal y humanitaria. No basta con pedir prudencia a quienes viajan; hay que perseguir a quienes engañan.
Reflexión final
Lo más doloroso es que la guerra no empezó para ellos en Ucrania, sino en la falta de oportunidades en casa. Cuando la necesidad obliga a creer en promesas imposibles, el abandono también dispara. Y el Perú no puede seguir mirando cómo sus ciudadanos son enviados al peligro con una oferta laboral como anzuelo. (Foto: Infobae).
