Repatriar a peruanos llevados a Rusia para combatir en Ucrania

Repatriar a los peruanos llevados a Rusia para combatir en Ucrania no puede tratarse como un trámite consular más. Si decenas de compatriotas fueron captados con falsas ofertas laborales, enviados a una guerra ajena y abandonados en condiciones de extrema vulnerabilidad, el Estado peruano tiene una obligación inmediata: ubicarlos, protegerlos y traerlos de regreso. No hablamos de aventureros buscando guerra, sino de ciudadanos que, según denuncias familiares, fueron engañados por promesas de trabajo y terminaron atrapados en un conflicto internacional.

El caso exige una respuesta firme de Cancillería. No basta con comunicados prudentes ni con frases de seguimiento permanente. Se requiere liderazgo diplomático, presión formal ante Rusia, coordinación con organismos internacionales y asistencia directa a las familias. Si existen peruanos heridos, desaparecidos o fallecidos, el país debe saberlo con claridad. Y si hay sobrevivientes que quieren volver, el Estado debe gestionar su repatriación sin esconderse detrás de excusas presupuestales.

La situación es aún más grave porque los testimonios apuntan a una modalidad de engaño: ofertas de empleo en seguridad, cocina o electricidad, documentos en ruso, retiro de pasaportes y traslado a zonas de combate. Eso no es una mala experiencia laboral; es una posible red de captación que debe ser investigada penalmente. El Ministerio Público tiene que identificar a los reclutadores, intermediarios, empresas o contactos que facilitaron estos viajes. Quien haya lucrado con la necesidad de peruanos vulnerables debe responder ante la justicia.

Además, el Perú debe pedir apoyo al Comité Internacional de la Cruz Roja para ubicar a los connacionales y recuperar restos de quienes hayan muerto. También debe exigir información oficial a Rusia y activar mecanismos internacionales contra el reclutamiento irregular. No se puede permitir que ciudadanos peruanos sean convertidos en piezas descartables de una guerra extranjera.

Repatriar no es un favor: es un deber. El Estado peruano debe actuar con urgencia humanitaria, firmeza diplomática y rigor judicial. Cada día de demora aumenta el sufrimiento de las familias y el riesgo para quienes siguen atrapados.

Reflexión final
Lo más indignante es que estos peruanos fueron empujados por la necesidad antes que por la guerra. Salieron buscando trabajo y encontraron peligro. Por eso, traerlos de vuelta también significa reconocer una deuda interna: un país que no ofrece oportunidades termina viendo a sus ciudadanos caer en manos de quienes prometen futuro y entregan muerte. (Foto: Revelación. Pe).

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