Antauro Humala ha vuelto a colocar una bomba verbal en plena campaña: afirmó que aspira a recuperar Tarapacá y Arica “por la vía diplomática o armada” si Roberto Sánchez llega al poder. No es una frase patriótica ni una excentricidad menor. Es una amenaza irresponsable que convierte una elección presidencial en una peligrosa vitrina para discursos belicistas, autoritarios y profundamente desconectados de la realidad nacional.
El problema no es solo que Humala hable de guerra con Chile. El problema es que lo hace presentándose como aliado político de Juntos por el Perú y de Roberto Sánchez, a quien dice haber apoyado lealmente. Incluso no descarta ocupar un cargo en un eventual gobierno. Entonces la pregunta es inevitable: ¿Sánchez comparte esta visión o simplemente la usa cuando le conviene y la esconde cuando incomoda?.
Humala no se limita a una bravata fronteriza. Su paquete ideológico incluye amnistías para condenados por terrorismo y para miembros del Grupo Colina, cambio del BCR, nacionalización de empresas, control de canales de televisión, defensa irrestricta de Petroperú y Asamblea Constituyente. Es decir, no estamos ante una frase aislada, sino ante un proyecto político que mezcla nostalgia militar, estatismo extremo y tentaciones autoritarias.
Hablar de recuperar territorios “por la vía armada” no defiende la soberanía peruana; la ridiculiza y la pone en riesgo. Perú y Chile tienen relaciones diplomáticas, comerciales y tratados internacionales que no pueden ser tratados como piezas de ajedrez por un discurso inflamado. La patria no se honra amenazando guerras imposibles, sino fortaleciendo instituciones, seguridad, educación, defensa moderna y política exterior seria.
Roberto Sánchez no puede guardar silencio ni mirar a otro lado. Si Humala fue útil para sumar votos, también debe asumir el costo de esa cercanía. En democracia, los aliados importan. Y cuando un aliado habla de guerra, amnistías y control de medios, el silencio deja de ser estrategia y empieza a parecer cálculo peligroso.
Reflexión final
El Perú no necesita patrioterismo de barricada ni discursos que jueguen con la posibilidad de una guerra. Necesita estabilidad, empleo, seguridad y gobernantes con sentido de Estado. Porque cuando alguien cercano al poder amenaza con incendiar la relación con Chile, el problema ya no es solo Humala. El problema es quién está dispuesto a llevar ese fósforo hasta Palacio. (Foto composición: lacajanegra.blog).
