El nuevo Congreso bicameral todavía no jura, no legisla, no fiscaliza y no demuestra si será mejor que el Parlamento anterior. Pero ya tiene una virtud muy peruana: costará caro desde el primer día. Más de S/9 millones se desembolsarían solo en su primer mes para cubrir pagos destinados a los 130 diputados y 60 senadores. En un país donde la inseguridad avanza, los hospitales colapsan, las escuelas carecen de servicios básicos y millones sobreviven ajustando el bolsillo, la nueva representación nacional empieza con una factura generosa para el contribuyente.
Cada legislador recibirá una remuneración mensual de S/15.600. A eso se suma el llamado gasto de instalación, otro pago equivalente a S/15.600, entregado por única vez al inicio del periodo parlamentario. Como si llegar al cargo fuera una mudanza heroica financiada por la república. Además, recibirán cerca de S/4.000 por semana de representación y alrededor de S/12.500 por asignación de función congresal. En total, cada parlamentario podría percibir aproximadamente S/32.000 mensuales entre sueldo y beneficios directos.
Multiplicado por los 190 representantes, el gasto mensual regular bordearía los S/6 millones, sin considerar todo el aparato que viene detrás: asesores, técnicos, auxiliares, asistentes, coordinadores, celulares, líneas móviles, cocheras, seguros patrimoniales y servicios adicionales. Solo el personal de confianza de cada despacho podría superar los S/40.000 mensuales, lo que proyecta más de S/7,7 millones al mes en equipos parlamentarios. La bicameralidad, vendida como reforma institucional, empieza a parecer una expansión presupuestal con discurso solemne.
El problema no es que los congresistas cuenten con herramientas para trabajar. El problema es que el Congreso peruano tiene una larga tradición de convertir necesidades funcionales en privilegios cómodos. Antes de pedir más recursos, debería ofrecer más resultados. Antes de estrenar celulares, cocheras y asesores, debería estrenar vergüenza institucional, austeridad y productividad.
El nuevo Congreso tendrá la oportunidad de demostrar que la bicameralidad no será solo más gasto, más oficinas y más beneficios. Pero empieza con una señal preocupante: primero aparece la cuenta, después veremos si aparece el trabajo.
Reflexión final
Más de S/9 millones en el primer mes no son solo una cifra: son una prueba de decencia pública. Si el Parlamento produce leyes útiles, fiscalización seria y representación real, tendrá argumentos para defender su costo. Pero si repite el espectáculo de blindajes, viajes, escándalos y discursos vacíos, la bicameralidad no será una reforma democrática: será el mismo desprestigio, pero con doble cámara y presupuesto aumentado. (Foto: lacajanegra.blog).
