Lima no está preparada para soportar un terremoto de alta magnitud. Está preparada, acaso, para emitir comunicados, organizar simulacros, repartir recomendaciones y mostrar funcionarios con chalecos institucionales frente a las cámaras. Sin embargo, cuando se pregunta por hospitales operativos, reservas de agua, maquinaria pesada, bomberos equipados, brigadas de rescate, medicamentos, alimentos y seguridad, las respuestas pierden precisión y aparecen las habituales promesas administrativas.
La amenaza sÃsmica no es nueva. Ha sido estudiada, advertida y repetida durante décadas. Por eso, cuando ocurra el próximo gran terremoto, ninguna autoridad podrá alegar sorpresa. La naturaleza no será responsable de la improvisación estatal.
¿Realmente Lima podrÃa resistir el colapso simultáneo de viviendas, hospitales, carreteras, puentes, redes de agua, electricidad y telecomunicaciones? ¿Existen suficientes camas para atender a miles de heridos? ¿Cuántos establecimientos de salud continuarÃan funcionando? ¿Los bomberos cuentan con equipos para ingresar a barrios de arduo acceso? ¿Hay reservas estratégicas de alimentos, combustible y medicinas?
El Estado suele responder estas dudas con planes, protocolos y declaraciones. Sin embargo, un documento no retira escombros. Una conferencia de prensa no detiene una hemorragia. Un simulacro no reemplaza una ambulancia ni convierte un hospital vulnerable en una instalación segura.
Durante años, las autoridades trasladaron buena parte de la responsabilidad a la población. Se insiste en preparar una mochila, reconocer zonas seguras y mantener la calma. Todo eso es importante, pero también resulta funcional para un Estado que prefiere enseñar a sobrevivir antes que garantizar condiciones reales de supervivencia.
Mientras se pide a las familias guardar agua y alimentos, corresponde preguntar qué ha almacenado el Estado. Mientras se exige identificar rutas de evacuación, debe explicarse cuántas de esas vÃas permanecerÃan transitables después del derrumbe de edificios, postes y puentes. Mientras se recomienda acudir a un centro médico, nadie garantiza que ese establecimiento conserve agua, electricidad, personal, medicinas o infraestructura operativa.
Lima ha crecido con desorden, informalidad y escasa fiscalización. Miles de familias viven en laderas, quebradas, zonas de suelo vulnerable y asentamientos donde una unidad de rescate difÃcilmente puede ingresar en un dÃa normal. En una catástrofe, esos sectores podrÃan quedar aislados mientras las autoridades intentan coordinar acciones desde oficinas que quizá tampoco estén operativas.
El problema no es la ausencia de advertencias, sino la falta de decisiones proporcionales al peligro. El Estado conoce la amenaza, pero actúa como si todavÃa tuviera tiempo ilimitado.
Desde La Caja Negra sostenemos que la prevención sÃsmica se ha convertido en una representación burocrática. Se simula preparación, se anuncian medidas y se publican recomendaciones, mientras continúan pendientes las inversiones fundamentales.
La ciudadanÃa merece conocer cifras concretas: cuántos hospitales resistirÃan, cuántos rescatistas existen, qué maquinaria está disponible, dónde se encuentran las reservas y cuánto tardarÃan en restablecerse los servicios básicos. Sin esa información, la supuesta preparación es apenas un discurso tranquilizador.
Lima no está preparada porque el Estado sigue confundiendo comunicación con prevención y planificación con ejecución. Se producen comunicados con mayor rapidez que obras, protocolos con mayor facilidad que hospitales seguros y ceremonias con mayor frecuencia que evaluaciones públicas.
Reflexión final
Cuando llegue el terremoto, la tierra no leerá los planes de contingencia ni respetará los discursos oficiales. Los comunicados no sostendrán paredes, no apagarán incendios ni rescatarán a quienes queden bajo los escombros. Entonces sabremos que el verdadero desastre no comenzó con el movimiento sÃsmico, sino mucho antes: cuando las autoridades conocieron el riesgo y decidieron administrarlo en lugar de reducirlo. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
