Dengue fuera de control: el norte paga la negligencia del Estado

El dengue vuelve a expandirse por el norte del Perú, pero la verdadera emergencia no comenzó con el mosquito. Empezó mucho antes, con desagües colapsados, aguas estancadas, centros de salud debilitados, escasez de personal y autoridades que acostumbran reaccionar cuando el daño ya está hecho. En Piura, los contagios aumentaron de 1.162 a 5.804 casos. La cifra no describe una sorpresa sanitaria: retrata una negligencia anunciada.

El fenómeno de El Niño amenaza con elevar las temperaturas y multiplicar las lluvias, condiciones ideales para la reproducción del Aedes aegypti. Sin embargo, mientras el mosquito encuentra criaderos en cada calle abandonada, el Estado tropieza con su burocracia, sus limitaciones presupuestales y su conocida incapacidad para prevenir.

Los establecimientos de salud reclaman médicos, enfermeros, equipos e insumos. Las comunidades denuncian la ausencia de vacunas y el deterioro de los sistemas de alcantarillado. En muchos casos, los pacientes reciben indicaciones básicas y regresan a sus hogares con la obligación de enfrentar solos una enfermedad que puede agravarse rápidamente.

La vacunación tampoco ofrece tranquilidad. El Ministerio de Salud adquirió dosis de la vacuna Takeda, pero su distribución continúa restringida y desigual. Mientras algunas zonas endémicas son priorizadas, otras localidades expuestas al impacto de El Niño siguen esperando. Huaycán, Chosica y Santa Clara conocen perfectamente lo que significa vivir bajo amenaza climática, pero nuevamente aparecen al final de una planificación que parece avanzar con los ojos cerrados.

El problema tampoco se resuelve únicamente con vacunas. Se necesita fumigación sostenida, eliminación de criaderos, vigilancia epidemiológica, personal capacitado, abastecimiento oportuno y coordinación entre municipios, gobiernos regionales y autoridades nacionales. Sin ello, cualquier campaña será apenas una fotografía institucional frente a una epidemia en movimiento.

Las comunidades organizan jornadas de limpieza mientras los responsables políticos continúan elaborando diagnósticos. La población retira recipientes, limpia calles y difunde información; el Estado, en cambio, suele llegar con comunicados cuando los hospitales ya están saturados.

El dengue no debería convertirse cada año en una tragedia previsible. Las autoridades conocen las zonas vulnerables, los efectos de El Niño y las deficiencias de la red sanitaria. Lo que falta no es información, sino decisión, planificación y responsabilidad.

Reflexión final
Un mosquito transmite el virus, pero la indiferencia permite la epidemia. Cuando el Estado abandona la prevención, cada contagio deja de ser solo una emergencia médica y se convierte en una denuncia contra quienes pudieron actuar a tiempo y eligieron esperar. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

Lo más nuevo

Artículos relacionados