Los dos caminos de Infantino tras el rechazo de UEFA y Concacaf

Gianni Infantino quedó frente a una encrucijada que él mismo ayudó a construir. El rechazo de las 55 federaciones de la UEFA y de las 41 asociaciones de Concacaf a su proyecto para abrir el negocio de la FIFA al capital privado no representa una simple diferencia administrativa. Es una rebelión política contra una propuesta que pretende transformar la estructura comercial del fútbol mundial sin el consenso suficiente.

Infantino tiene ahora dos caminos: retirar el proyecto y recomponer alianzas, o insistir, buscar votos en otras confederaciones y arriesgar una fractura de consecuencias imprevisibles.

La controversia gira en torno a FIFA Forward Enterprise, una nueva empresa que asumiría operaciones comerciales y la organización de torneos. El plan contempla vender hasta el 20 % a inversionistas privados, con una valoración inicial de 20.000 millones de dólares y una recaudación potencial de 4.200 millones.

El primer camino es retroceder. Suspender la iniciativa no sería necesariamente una capitulación, aunque así podría interpretarse dentro del aparato de poder de la FIFA. También podría ser la única decisión sensata para evitar que el organismo se convierta en escenario de una guerra entre confederaciones. Retirar el proyecto permitiría revisar sus alcances, abrir consultas, someterlo a controles jurídicos y discutir alternativas para financiar el desarrollo sin comprometer la autonomía del fútbol.

El segundo camino es insistir. Infantino todavía podría buscar una mayoría entre África, Sudamérica, Asia y Oceanía. La matemática lo permite, pero la legitimidad no siempre se obtiene contando manos. Cuando una propuesta trascendental se aprueba gracias a federaciones dependientes de los recursos que distribuye la propia FIFA, aparece una duda inevitable: ¿se trata de respaldo libre o de obediencia económica?

UEFA ya ha planteado la posibilidad de no participar en torneos FIFA mientras el proyecto siga vigente. Concacaf no anunció un boicot, pero su rechazo unánime dejó a Infantino sin otro respaldo fundamental. La Confederación Asiática, además, cuestionó el procedimiento y pidió mayor revisión. El presidente de la FIFA puede conseguir votos, pero corre el riesgo de perder algo más importante: autoridad moral y unidad institucional.

Infantino debe decidir entre salvar su proyecto financiero o proteger la cohesión de la FIFA. Insistir podría darle una victoria aritmética, pero también provocar una derrota histórica para el fútbol mundial.

Reflexión final
El verdadero liderazgo no consiste en imponer una idea hasta vencer la resistencia, sino en reconocer cuándo el poder ha dejado de escuchar. Infantino aún puede corregir el rumbo. Pero si prefiere preservar el negocio antes que la unidad, sus dos caminos terminarán conduciendo al mismo lugar: una FIFA más rica, más dividida y mucho menos legítima. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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