Conmebol de rodillas mientras UEFA y Concacaf desafían a FIFA

Mientras UEFA y Concacaf levantan la voz contra el proyecto de Gianni Infantino para abrir el negocio de las competiciones de la FIFA al capital privado, la Conmebol permanece en un silencio tan cómodo como preocupante. Europa cuestiona, Norteamérica exige garantías y Sudamérica parece esperar instrucciones.

No es prudencia institucional. Es una ausencia de liderazgo en el momento en que se discute quién controlará el futuro comercial del Mundial. Cuando dos confederaciones reclaman transparencia y la tercera guarda silencio, la neutralidad comienza a parecer sometimiento.

La UEFA ha amenazado con abandonar las competiciones de la FIFA si la propuesta continúa. Concacaf, respaldada por sus 41 asociaciones, rechazó el proyecto y cuestionó la falta de garantías procesales, el plazo reducido para decidir y la ausencia de una revisión adecuada. Ambas entendieron algo elemental: una transformación de esta magnitud no puede aprobarse como quien modifica un reglamento secundario.

La Conmebol, en cambio, no ha presentado una posición continental firme. Su presidente, Alejandro Domínguez, también ocupa una vicepresidencia en la FIFA. Esa cercanía con Infantino no demuestra una irregularidad, pero sí exige independencia, explicaciones públicas y una defensa clara de los intereses sudamericanos.

Hasta ahora, nada de eso aparece.
Sudamérica corre el riesgo de convertirse en el bloque de votos que Infantino necesita para compensar la rebelión de UEFA y Concacaf. Las promesas de mayores recursos para infraestructura, selecciones y fútbol base podrían resultar irresistibles para federaciones dependientes de las transferencias internacionales. Pero cuando el dinero llega acompañado de respaldo político, la cooperación puede transformarse en obediencia financiada.

La región que produjo campeones mundiales, futbolistas históricos y una identidad decisiva para este deporte no merece ser tratada como una fila de manos levantadas. Tampoco puede aceptar que su dirigencia confunda lealtad institucional con subordinación personal.

Las diez federaciones sudamericanas deben pronunciarse. ¿Respaldan el ingreso de inversionistas privados? ¿Exigirán auditorías, garantías y debate? ¿Propondrán utilizar primero las reservas de la FIFA? ¿O permanecerán protegidas bajo el silencio de la Conmebol hasta conocer qué posición ofrece mayores beneficios?

Conmebol tiene la oportunidad de demostrar que representa al fútbol sudamericano y no únicamente a su estructura dirigencial. Guardar silencio mientras se redefine el negocio mundialista equivale a renunciar a esa responsabilidad.

Reflexión final
Llegó la hora de saber quién es quién. UEFA y Concacaf ya fijaron posición. Sudamérica continúa esperando. El fútbol no necesita confederaciones arrodilladas ante Zúrich, sino instituciones capaces de fiscalizar al poder. Cuando el negocio amenaza con gobernar el deporte, callar no es diplomacia: es complicidad institucional. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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