La democracia peruana tiene una desigualdad difÃcil de defender: el presidente de la República puede ser vacado, los ministros pueden ser censurados y obligados a abandonar sus cargos, pero senadores y diputados cuentan con una protección polÃtica mucho más cómoda frente al ciudadano que los eligió.
El Parlamento puede interpelar, acusar, censurar, inhabilitar y participar en decisiones capaces de destruir carreras polÃticas. Pero cuando el cuestionado está sentado en una curul, el sistema se vuelve notablemente más cuidadoso, paciente y garantista. Para controlar al Ejecutivo existe todo un arsenal; para controlar al legislador, el elector casi a menudo debe esperar cinco años.
Eso no es equilibrio de poderes. Es una evidente desigualdad de responsabilidades.
Un senador o diputado puede perder completamente la confianza de sus electores, incumplir gravemente sus deberes, ocultar conflictos de interés o protagonizar conductas incompatibles con la dignidad del cargo y, aun asÃ, conservar su escaño, salvo supuestos legales especÃficos.
¿Dónde queda entonces el principio de que el poder emana del pueblo?
Resulta curioso que quienes defienden con entusiasmo la vacancia presidencial sean mucho menos entusiastas cuando se propone que un mecanismo semejante pueda alcanzar sus propias curules. La severidad institucional parece cambiar de intensidad dependiendo de qué lado del hemiciclo se encuentre el acusado.
La polÃtica peruana ha perfeccionado una extraña doctrina: el presidente gobierna bajo amenaza de vacancia; el parlamentario legisla bajo la tranquilidad de un mandato prácticamente asegurado.
No se trata de permitir que una mayorÃa parlamentaria expulse a un legislador incómodo. Tampoco de castigar votos, opiniones o discrepancias. Una reforma mal diseñada podrÃa convertirse en herramienta de persecución polÃtica.
Pero utilizar ese riesgo para negar cualquier mecanismo de remoción también resulta conveniente para quienes ocupan el poder.
El Perú deberÃa discutir una reforma constitucional con causales objetivas y extraordinarias: corrupción acreditada, falsedad grave para acceder al cargo, aprovechamiento ilÃcito de la función, ocultamiento deliberado de conflictos de interés u otras conductas severas expresamente tipificadas.
También merece debate la revocatoria ciudadana de senadores y diputados. Alcaldes y gobernadores pueden enfrentarla. ¿Por qué quien representa directamente al ciudadano en el Congreso deberÃa quedar protegido de ella?
A mayor poder, mayor control deberÃa existir. Con la bicameralidad, los senadores tendrán incluso facultades para decidir acusaciones constitucionales y elegir importantes autoridades del Estado. Resulta contradictorio entregarles semejante capacidad y, simultáneamente, mantener débiles los mecanismos para exigirles responsabilidad polÃtica.
Desde La Caja Negra sostenemos que senadores y diputados no pueden continuar comportándose como fiscalizadores con licencia para no ser fiscalizados.
Si pueden decidir el destino polÃtico de presidentes, ministros y otras autoridades, deben aceptar que su propio mandato también tenga consecuencias cuando traicionen gravemente la confianza pública.
Una curul no es un tÃtulo de propiedad. Mucho menos un salvoconducto por cinco años.
La democracia no consiste en controlar solamente al Ejecutivo. Consiste en impedir que cualquier institución acumule poder sin responsabilidad equivalente.
Si el presidente puede ser vacado y un ministro censurado, el Congreso debe explicar por qué sus integrantes merecen una protección polÃtica superior.
Reflexión final
Quizá el verdadero problema sea más sencillo: quienes escriben las reglas también escribieron sus propias excepciones.
El Congreso quiere tener la facultad de decidir quién merece seguir gobernando. Muy bien. Pero la igualdad democrática exige una pregunta incómoda: ¿por qué los ciudadanos no deberÃan tener también la posibilidad de decidir cuándo un senador o diputado dejó de merecer su curul?
Mientras esa respuesta no exista, tendremos polÃticos capaces de retirar la confianza a todos, excepto a ellos mismos. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
