El fenómeno El Niño no necesita sorprender al Perú para causar daños: basta con que encuentre a las autoridades haciendo lo de siempre, es decir, reaccionando tarde. La Autoridad Nacional del Agua ya identificó 226 puntos críticos expuestos a inundaciones, huaicos y debilitamiento de suelos. Los recursos existen. El Fondes está disponible. Y, aun así, 21 gobiernos regionales y 113 municipalidades distritales no solicitaron el dinero necesario para ejecutar obras preventivas. El desastre, entonces, ya no puede atribuirse únicamente al clima.
La lista es extensa y reveladora. Áncash tiene 27 puntos críticos y dejó sin solicitar S/21,8 millones. Puno, 26 puntos y S/21,6 millones. Arequipa, 24 puntos y S/23,1 millones. Junín requiere S/56,7 millones; Pasco, S/44,6 millones; Cusco, S/71 millones; Piura, S/90 millones. Los montos están identificados, los riesgos también. Lo que falta es gestión.
La situación bordea lo absurdo: el Estado sabe dónde puede ocurrir la emergencia, sabe cuánto cuesta prevenirla y sabe qué obras se necesitan, pero todavía hay autoridades que no activan los mecanismos para pedir los recursos.
Mientras tanto, las lluvias no esperan formularios. La limpieza y descolmatación de ríos, el enrocado y las barreras de protección son tareas básicas frente a un escenario climático adverso. Sin embargo, buena parte de esos trabajos sigue pendiente. Después llegará la escena conocida: declaratoria de emergencia, maquinaria trabajando contra reloj, funcionarios recorriendo zonas inundadas y millones adicionales para reparar lo que pudo prevenirse.
También existe responsabilidad del Gobierno central. El decreto de emergencia destinó S/179 millones para prevención, pero solo 70 puntos críticos serán intervenidos con parte de esos recursos. Queda una pregunta incómoda: ¿qué ocurrirá con los demás?
Autoridades regionales, además, denuncian trabas burocráticas y falta de coordinación con la ANA. Si eso es así, el problema es todavía más grave: mientras una institución pide permisos, otra espera solicitudes y una tercera prepara informes, la población permanece expuesta.
No estamos frente a falta de información ni de recursos. Estamos frente a una falla de gestión y articulación. El riesgo está identificado y el dinero existe.
Reflexión final
Cuando llegue El Niño, nadie podrá decir que no sabía. Si los ríos se desbordan y los huaicos destruyen viviendas, habrá que mirar también los escritorios donde las solicitudes nunca se presentaron. Porque prevenir tarde no es prevenir: es administrar el desastre. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
