Keiko Fujimori afirmó que el Perú está preparado para organizar “los mejores Juegos Panamericanos”. La frase tiene fuerza política, sirve para una ceremonia internacional y proyecta una imagen de capacidad organizativa. Sin embargo, revela una preocupante inversión de prioridades: antes de aspirar a organizar los mejores Juegos, el país debería preocuparse por formar a los más destacados deportistas posibles. El desarrollo deportivo no empieza con una inauguración, una mascota o una ceremonia de clausura. Empieza muchos años antes, cuando un niño encuentra un entrenador, una cancha, una piscina, una pista, una alimentación adecuada y una oportunidad real de desarrollar su talento.
El Perú parece haber aprendido a organizar eventos masivos, pero todavía no aprende a construir un sistema deportivo sólido. Esa diferencia es fundamental. Un país puede tener escenarios modernos, logística internacional y ceremonias impecables, y aun así continuar sin una política nacional eficiente de formación deportiva. El cemento puede impresionar a los visitantes, pero no entrena, no detecta talentos y no reemplaza años de preparación. Lo verdaderamente urgente debería ser invertir desde la infancia en escuelas deportivas, entrenadores especializados, infraestructura regional, nutrición, medicina, psicología, tecnología y competencias permanentes.
Por eso resulta cuestionable que desde el Gobierno se coloque el énfasis en organizar “los mejores Panamericanos” sin que exista el mismo entusiasmo para anunciar cómo se formarán los atletas peruanos que deberán competir en ellos. Los países que llegarán a Lima en 2027 no traerán deportistas improvisados. Llegarán con jóvenes preparados durante años bajo sistemas nacionales de alto rendimiento. Mientras tanto, el Perú corre el riesgo de convertirse nuevamente en un excelente anfitrión que observa cómo otros países convierten su planificación en medallas.
La secuencia lógica debería ser exactamente la contraria: primero formar niños deportistas, luego consolidar atletas de alto rendimiento y finalmente organizar colosales eventos internacionales. Cuando el orden se altera, el deporte corre el peligro de transformarse en escenografía política. La fotografía con dirigentes internacionales puede durar unas horas; la construcción de un campeón exige diez o quince años de inversión sostenida.
Desde La Caja Negra respaldamos que el Perú organice competencias internacionales. Pero organizar por organizar no puede convertirse en política deportiva. El verdadero objetivo debería ser que nuestros deportistas lleguen preparados para competir, no simplemente para completar delegaciones mientras otros países disputan los podios.
El éxito de Lima 2027 no debería medirse solamente por escenarios modernos, ceremonias impecables o elogios internacionales. Debería medirse por cuántos atletas peruanos llegaron competitivos y por cuántos niños quedaron incorporados a un verdadero sistema nacional después de los Juegos.
Reflexión final
Keiko Fujimori puede afirmar que el Perú está preparado para organizar los mejores Panamericanos. Pero antes debería preguntarse algo mucho más importante: ¿está el Perú preparado para formar a sus mejores atletas?
Porque organizar majestuosos juegos sin construir previamente grandes deportistas puede dar una excelente fotografía política. Pero difícilmente construirá una verdadera potencia deportiva. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
