La organización de derechos humanos FairSquare ha colocado a la FIFA frente a una prueba decisiva: respetar sus propios estatutos o permitir que el poder vuelva a interpretar las reglas en beneficio de quien lo ejerce. El grupo solicita que Gianni Infantino sea declarado inelegible para el periodo 2027-2031 porque, según su denuncia, ya habría cumplido el máximo de tres mandatos presidenciales. No se trata solamente de una disputa jurídica. Es una controversia sobre transparencia, ética y concentración del poder en la organización más influyente del fútbol mundial.
Infantino asumió la presidencia en 2016, después de la dimisión de Joseph Blatter. Luego fue elegido en 2019 y reelegido en 2023. FairSquare sostiene que esas tres etapas deben contabilizarse y que una nueva postulación incumpliría el límite establecido por los estatutos de la FIFA.
El organismo rector mantiene otra posición. En 2022, su Consejo determinó que el periodo de 2016 a 2019 no contaba como mandato porque Infantino había completado una gestión interrumpida. Esa interpretación abriría la puerta para que permanezca en el cargo hasta 2031.
Sin embargo, una norma creada para controlar el poder pierde sentido cuando el propio poder puede redefinirla. Los límites de mandato fueron una pieza fundamental de las reformas aprobadas en 2016, después de los escándalos que afectaron gravemente la credibilidad de la FIFA. Su finalidad era clara: evitar presidencias excesivamente prolongadas y reducir el riesgo de que una sola autoridad acumule influencia sobre federaciones, recursos y decisiones estratégicas.
FairSquare también denuncia que el razonamiento completo que sustentó la decisión de 2022 nunca fue publicado. Esta falta de transparencia agrava las sospechas. No basta con comunicar que un periodo “no cuenta”; la FIFA debe explicar públicamente qué norma autoriza esa excepción y por qué no contradice el espíritu de sus propias reformas.
El respaldo político que Infantino conserva en determinadas confederaciones tampoco debería cerrar el debate. Una mayoría electoral puede otorgar apoyo, pero no borrar un mandato ni modificar retroactivamente el significado de una regla. La legalidad institucional no puede depender del número de aliados reunidos antes de una votación.
La solicitud de FairSquare debe ser evaluada por una instancia verdaderamente independiente, con argumentos públicos y garantías de imparcialidad. Si Infantino es elegible, la FIFA debe demostrarlo; si no lo es, debe impedir su candidatura sin privilegios ni cálculos políticos.
Reflexión final
La FIFA no está decidiendo solamente quién ocupará su presidencia. Está resolviendo algo más profundo: si sus estatutos gobiernan a sus dirigentes o si sus dirigentes gobiernan los estatutos. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
