Hay cinismos que rozan el absurdo, pero lo ocurrido en Videna trasciende la simple desfachatez. Mientras el balompié nacional se desmorona en medio de graves sospechas de amaño de partidos, cobros arbitrales bajo la lupa, denuncias de sobornos en clubes que pelean la permanencia y el tufillo a podredumbre que no da tregua, la CONMEBOL tuvo la «brillante» idea de aterrizar en Lima para dictar su taller Integridad 360°. Un barniz de ética prefabricado para maquillar una casa que se cae a pedazos.
Resulta un insulto a la inteligencia del hincha que la Dirección de Ética e Integridad del ente sudamericano pretenda impartir lecciones de transparencia en la casa del fútbol peruano. ¿De qué integridad nos hablan cuando la cúspide de la propia Federación Peruana de Fútbol arrastra antecedentes impunes, como la irrisoria sanción de 5,000 dólares impuesta a su presidente por reventa de entradas? Que una institución golpeada por investigaciones y cuestionamientos de toda índole finja ser un templo de la rectitud solo confirma la profunda indiferencia de dirigencias desconectadas de toda moral.
El problema de fondo no es la capacitación en sí, sino el papelón publicitario. Un show institucional patrocinado por una casa de apuestas —las mismas cuya sombra planea diariamente sobre la sospecha de la manipulación de resultados— que intenta solapar el desgobierno. Nos venden discursos inflados de «buenas prácticas» y «cultura de integridad» mientras en la cancha los arbitrajes generan indignación, los futbolistas denuncian presiones extradeportivas en la recta final del torneo y las autoridades miran hacia otro lado.
El fútbol no se limpia con fotos de compromiso, discursos pomposos ni diapositivas de auditorio. Se limpia con investigaciones reales, sanciones ejemplares y dirigentes con solvencia moral para ejercer el cargo. Pretender que un taller de un par de horas equivale a un compromiso con el juego limpio es una burla inaceptable para un país cansado de la impunidad y la corrupción sistémica.
Si la CONMEBOL y la FPF realmente quisieran proteger al fútbol, no organizarían puestas en escena para las fotos oficiales. Empezarían por purgar a quienes degradan la disciplina desde los escritorios. La verdadera ética no se dicta en un seminario con patrocinadores: se demuestra con justicia, firmeza y dignidad, valores que hoy escasean dramáticamente en las cúpulas del balompié sudamericano. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
