¿Primero es organizar eventos deportivos o formar deportistas?

Conseguir el derecho de organizar una gran competición internacional no significa que un país esté preparado para el éxito. Existe una contradicción estructural y oportunista en la gestión deportiva de nuestra región: se prioriza ganar sedes multimillonarias antes de consolidar las bases del talento local. El orden correcto de las políticas públicas y del marketing deportivo es irrefutable: primero se debe masificar cada disciplina, formar deportistas en su etapa base y llevarlos rigurosamente hasta el nivel de élite. Solo cuando se cuenta con una delegación competitiva y de alto rendimiento tiene sentido postular a grandes eventos, nunca al revés.

Invertir la pirámide del desarrollo institucional solo sirve para alimentar el ego y la foto publicitaria de los políticos de turno y los dirigentes deportivos de las federaciones. Según datos de la Australian Sports Commission, el ciclo de vida de un megaevento se extiende entre 7 y 10 años desde su postulación. Organismos globales como la OCDE y el Comité Olímpico Internacional (COI) exigen que las candidaturas justifiquen un legado social y económico real de largo plazo. Si una nación no cuenta con un sistema de formación de atletas maduro, las millonarias inversiones en estadios se reducen a elefantes blancos e infraestructuras vacías tras la clausura, dejando una enorme presión financiera para el Estado.

Los próximos Juegos Panamericanos Lima 2027 son una vitrina que exige articular con precisión infraestructura, servicios y derechos comerciales. Sin embargo, una candidatura seria debe ser la consecuencia directa de una planificación deportiva interna y no una cortina de humo mediática. Organizar un torneo internacional sin una base de atletas de élite consolidada reduce el evento a un esfuerzo logístico efímero y estéril para el desarrollo del país, donde la ejecución se enfoca en resolver a última hora lo que se debió coordinar y sembrar con años de anticipación.

El verdadero éxito de una gestión deportiva de vanguardia no radica en la espectacularidad de la ceremonia inaugural ni en los discursos políticos, sino en el impacto duradero en la salud, la educación y el rendimiento de sus ciudadanos. El futuro de la industria exige entender que los torneos pasan en un par de semanas, pero las capacidades técnicas, el conocimiento institucional y los deportistas formados en la base deben permanecer de forma sostenible.

¿Debe un país invertir primero en centros de alto rendimiento o en alimentar la foto de los políticos con sedes internacionales? (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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