Dina Boluarte obstinada en la compra de 24 aviones de guerra

Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra

En un país con hospitales colapsados, colegios que se caen a pedazos y brechas sociales del tamaño de la cordillera de los Andes, el Gobierno del Perú ha encontrado tiempo, voluntad y 3,500 millones de dólares para comprar aviones de guerra. Todo muy urgente, todo muy estratégico. ¿La amenaza?. Al parecer, la realidad. Porque, mientras el mundo transita hacia drones y tecnología no tripulada, aquí nos aferramos a un proceso de adquisición que prioriza compensaciones legales, visitas ocultas y decisiones aéreas de dudosa transparencia.

No es la primera vez que se prioriza el show militar sobre la necesidad social. Pero esta vez, la ruta huele a favoritismo, sobrevuela zonas turbias y aterriza —otra vez— en un escándalo anunciado.

El Gripen E, el favorito sin medalla de combate
La Fuerza Aérea del Perú (FAP) se encuentra a un decreto de distancia de comprar 24 aviones Gripen E, fabricados por la sueca Saab con ensamblaje en Brasil, por un costo aproximado de 3,500 millones de dólares. La elección se haría bajo la figura de “proveedor único”, un recurso legal que, traducido del burócrata al ciudadano, permite desechar a todos los demás competidores sin dar mayores explicaciones.

¿Qué tiene de especial el Gripen E?. Es moderno, sí. Tiene línea de ensamblaje en Brasil, correcto. Pero hay un detalle técnico que incomoda: no ha sido probado en combate real. A diferencia de sus competidores directos —el F-16 de EE.UU. y el Rafale de Francia— que han volado y disparado en guerras reales, el Gripen apenas ha servido para entrenamiento y patrullaje. Su experiencia de fuego es tan virgen como el historial de buen gobierno en ciertas gestiones locales.

Según Defence Street y otros portales especializados, los modelos alternativos (como el F-16 Block 70 y el Dassault Rafale) tienen cientos de miles de horas de vuelo en operaciones reales, interoperabilidad con aliados OTAN y regionales (como Chile y Colombia), y una logística consolidada. Pero parece que aquí la experiencia es un detalle prescindible.

Compensaciones y offset: la zanahoria de siempre
Uno de los grandes atractivos del Gripen E, según voceros del Ministerio de Defensa, es su generoso “offset”: compensaciones tecnológicas y sociales ofrecidas por Saab, como paneles solares, sistemas de agua potable y equipamiento médico, tal como se prometió en Colombia durante la gestión de Gustavo Petro.

En teoría, estos “regalos” vendrían a cambio del contrato millonario. El problema es que nadie ha explicado aún en qué consistirán exactamente en el caso peruano, ni cómo se garantizarán más allá del papel. En un país donde hasta los hospitales son entregados sin agua ni médicos, imaginar paneles solares de última generación donados por un fabricante de cazas suena, francamente, a ciencia ficción.

Además, todo esto se negocia mientras el Departamento de Justicia de EE.UU. investiga el mismo modelo de avión por posibles actos de corrupción durante su venta a Brasil. Pero claro, aquí preferimos cerrar los ojos y despegar.

Las visitas incómodas y la memoria selectiva
En octubre de 2023, el diario Perú21 alertó sobre visitas ocultas de representantes suecos al Ministerio de Defensa, reuniones fuera de agenda y sin declaraciones oficiales. Nada se explicó entonces. Hoy, ya con el proceso a punto de firmarse, tampoco hay transparencia. La Agencia de Compras de las Fuerzas Armadas (ACFFAA) ha sido dejada de lado, y la decisión está siendo cocinada al margen de los mecanismos institucionales.

Mientras tanto, el comandante general de la FAP, Carlos Chávez Cateriano, declaró que están “en conversaciones finales” con el MEF y solo falta la firma de Dina Boluarte. Firma que, al ritmo de los escándalos, podría estar esperando su lifting institucional.

No es menor recordar que la última vez que Perú compró aviones caza fue en los noventa, cuando Alberto Fujimori adquirió MIG-29 y SU-25 rusos, y Alan García estrenó Mirage 2000. Ambos expresidentes enfrentaron luego procesos por corrupción. Hoy, uno está libre y el otro… ya no está. La historia, al parecer, se repite primero como tragedia y luego como licitación.

Más allá del modelo elegido, lo preocupante no es el Gripen E. Lo grave es el proceso. Un procedimiento acelerado, opaco, sin debate público ni evaluación técnica transparente. Mientras el país necesita salud, educación y justicia, la prioridad nacional parece ser comprar aviones que no han peleado ninguna guerra… salvo la de intereses.

Si la elección de los aviones la define el “offset”, el lobby o la promesa de instalar una fábrica de paneles solares, entonces lo que se está comprando no es solo un avión, sino el futuro político y presupuestal del país.

Reflexión Final
Comprar armas en tiempos de pobreza estructural no es estrategia: es delirio presupuestal. Si realmente se quiere modernizar a las Fuerzas Armadas, que se haga con transparencia, con debate técnico, y con criterio de urgencia nacional.

Pero si la intención es firmar sin consultar, elegir sin comparar, y pagar sin justificar, entonces que no nos sorprenda si en pocos años otro decreto, otra compra, y otro escándalo despegan nuevamente desde el mismo hangar del silencio. Porque cuando el cielo es turbio, no hay radar que te salve del impacto.

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