Mafia controla venta de entradas a Machu Picchu

Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra

Dicen que Machu Picchu es una maravilla del mundo. Y lo es. Pero lo que nadie pone en las postales turísticas es que también es una maravilla… para las mafias. Porque en el Perú, hasta el orgullo nacional termina convertido en feudo de intereses ocultos. Mientras tanto, en Palacio, Dina Boluarte y su gabinete parecen convencidos de que gobernar consiste en dejar pasar los días hasta el 28 de julio de 2026, como quien cuenta las horas para las vacaciones. Y mientras tanto, Machu Picchu sigue en piloto automático.

José Luis Silva, exministro de Comercio Exterior y Turismo, ha hecho lo que ya es tradición en este país: contar en voz alta lo que todo el mundo sabe y nadie arregla. Ha denunciado —una vez más— que Machu Picchu está secuestrada por una mafia que maneja la venta de entradas como si se tratara del secreto mejor guardado de la república.

¿Sorpresa?. Ninguna. Llevamos años oyendo que para conseguir un boleto a la ciudadela hay que tener más suerte que en la lotería. O, mejor aún, amigos en las sombras.

Y es que el turismo en Perú se ha vuelto una ruleta rusa. Puedes gastarte miles de dólares en vuelos, hoteles y trenes, pero llegar a Aguas Calientes y enterarte de que “no hay entradas, caballero.” O peor: que sí hay, pero no para usted, sino para los elegidos de la mafia que revende cupos como si fueran pases VIP a un concierto de los Rolling Stones.

Mientras tanto, el Gobierno se indigna cuando algún portal extranjero se atreve a mencionar que Machu Picchu aparece en listas negras de destinos turísticos con problemas. Aquí, la respuesta oficial es siempre la misma: “Todo está bajo control.” Claro, tan bajo control que ni los ministros pueden digitalizar la venta de boletos sin chocar con intereses enquistados que huelen a moho y a comisión bajo la mesa.

Silva lo dice clarito: esta mafia no apareció ayer. Está enquistada desde hace décadas. Lo que significa que ha sobrevivido a Toledo, García, Humala, PPK, Vizcarra, Castillo, Boluarte… y hasta a cualquier esperanza de cambio. Eso sí es resiliencia.

Entre tanto, la majestuosidad de Machu Picchu se mantiene intacta, pero la experiencia de visitarla se ha convertido en una odisea, marcada por la improvisación, la sobreventa y el amiguismo. Para el turista, la visita a la maravilla inca puede terminar en un paseo frustrado o en la fila de reclamaciones. Para algunos pocos, es el negocio del siglo.

Reflexión Final
Decimos con orgullo que Machu Picchu es Patrimonio de la Humanidad. Pero parece que es más patrimonio de unos cuantos vivos.

Mientras Dina Boluarte y sus ministros se entretienen contando los días que faltan para el 28 de julio de 2026, Machu Picchu sigue secuestrada por mafias que han convertido una de las siete maravillas del mundo en una tómbola de boletos.

El Perú merece un Machu Picchu libre, digitalizado y accesible para todos. No una cueva de Alí Babá donde siempre ganan los mismos.

Por ahora, si piensas visitar la ciudadela, te recomiendo tres cosas: madrugar, armarte de paciencia… y cruzar los dedos. Porque en Machu Picchu, la verdadera maravilla es conseguir entrar.

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