Dina Boluarte lleva 251 días sin dar declaraciones a la prensa

Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra

Dina Boluarte cumple 251 días sin responder preguntas a la prensa, mientras el país se desangra entre extorsiones, corrupción y caos. ¿Gobernar?. No. Mejor pensar en un programa propio en la televisión estatal.

Doscientos cincuenta y uno (dias). Ese es el récord de silencio de la presidenta Dina Boluarte ante las preguntas de la prensa. En un país donde hasta los semáforos hablan, es toda una hazaña mantenerse callada mientras se es la jefa de Estado. Y sin embargo, ahí está ella, flanqueada por ministros que sobreviven —porque gobernar es un verbo demasiado exigente— y alimentando la sospecha de que, más que respuestas, tiene miedo a las preguntas.

La Asociación Nacional de Periodistas lo ha dicho claro: la presidenta no solo está en silencio, sino que ha adoptado un “discurso estigmatizante” contra el periodismo de investigación. Es decir, la prensa es incómoda. Es esa mosca persistente que zumba en la oreja presidencial, recordando que el Perú está tomado por extorsionadores, que no existe plan de gobierno, ni estrategia contra la minería ilegal, ni voluntad política para detener la corrupción, ni salud ni educación ni seguridad.

Mientras tanto, Dina sueña con su propio programa en TV Perú. Porque, claro, si no puedes responder preguntas, lo ideal es tener un monólogo televisado. Con recursos públicos, por supuesto, para “lavarse la cara”, como bien lo denunció el Consejo de la Prensa Peruana. El jefe del Gabinete lo ha admitido con la misma naturalidad con que se enumeran las verduras en el mercado: “no está en el esquema inmediato, pero es una de tantas ideas”. Qué alivio: el país está en piloto automático, pero al menos hay brainstorming en Palacio.

Este país sangra. La extorsión ha cerrado negocios, ha matado niños, ha desbordado ciudades. La minería ilegal es un monstruo que financia redes criminales y destruye ecosistemas. La corrupción sigue siendo el deporte nacional. Y la presidenta… calla. Calla y planea sets de televisión.

Porque responder preguntas implica algo mucho más temido en Palacio: rendir cuentas. Significa mirar a la ciudadanía a la cara y admitir que no hay soluciones, que el Estado ha sido sobrepasado, que no existe liderazgo. Es más cómodo grabar discursos editados y evitar las repreguntas, sobre todo cuando los temas de agenda incluyen joyas, relojes, cirugías, investigaciones fiscales y una aprobación presidencial que cabe en el bolsillo.

Dina Boluarte le debe explicaciones al país. Y no, no basta con discursos transmitidos en cadena nacional. Gobernar es hablar. Es contestar preguntas incómodas. Es transparentar decisiones. Es rendir cuentas sobre lo que se hace —y lo que no se hace— para que el Perú deje de estar secuestrado por el crimen y la corrupción.

Reflexión final
Señora presidenta, si el silencio es oro, el Perú ya está demasiado rico. Abran las puertas de Palacio. Enciendan los micrófonos. Hablen. Porque en democracia, quien gobierna está obligado a responder. Y no, un programa propio en TV Perú no cuenta como transparencia. Cuenta como miedo.

Lo más nuevo

Artículos relacionados