Arándanos: Éxito de exportación y explotación humana…

Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra

Dicen que los arándanos peruanos son “el oro azul” del agro. Lo cierto es que brillan más en los anaqueles de supermercados europeos que en la vida de quienes los cosechan. Mientras en Lima o París se llenan la boca diciendo “healthy food”, en Ica la gente abre el caño… y no cae ni una gota.

Así estamos: Perú, campeón mundial del arándano, mientras sus campos se convierten en desiertos y su gente en mano de obra barata. Todo para que un puñado de empresas exportadoras acumulen millones y se cuelguen medallitas en ferias internacionales.

Éxito agroexportador… para unos pocos
La agroindustria repite el eslogan: “El arándano ha transformado la economía peruana.” Sí, claro. Ha transformado las cuentas bancarias de los exportadores. Porque, para los trabajadores, poco ha cambiado.

En 2023, el negocio del arándano generó más de mil millones de dólares, con 200,000 toneladas exportadas. ¡Un récord digno de aplausos!… siempre y cuando ignores las historias que se esconden entre los arbustos.

Julisa González Marichi, 42 años, madre de familia en Virú, se deja la espalda recolectando arándanos bajo el sol implacable. Gana entre 15 y 25 dólares al día. Y, como muchos otros, no puede costearse ni una bandeja de la fruta que cosecha. “En mi casa no comemos arándanos. Solo los veo en el campo”, dice. Ese es el “milagro azul.”

Barracones y “esclavitud moderna”
La agroexportación presume modernidad, riego tecnificado y altos estándares internacionales. Pero detrás de esas cifras se alzan barracones superpoblados. Sin agua potable constante. Sin privacidad. Sin derechos laborales que se cumplan a cabalidad.

En 2020, los trabajadores en el Barrio Chino de Ica se rebelaron. Hablaron de “esclavitud”. Y no es exageración. Entre recortes de bonos y sueldos míseros, la dignidad humana sigue siendo la gran ausente.

Porque sí, existe un bono legal del 30%… pero muchas veces se diluye en deducciones y nuevas condiciones. Trucos contables que harían llorar de envidia a cualquier mago de Las Vegas.

El precio ambiental: agua, agua… y más agua
Aquí viene el secreto oscuro del arándano: es una esponja azul. Cada hectárea consume entre 6,000 y 14,000 metros cúbicos de agua por año. Es decir, entre 2 y 6 piscinas olímpicas por hectárea.

El problema es que gran parte de esos cultivos están en la costa desértica peruana. El río Ica está casi seco. Chavimochic desvía el Santa. Y los pozos profundizan cada vez más buscando agua subterránea. Mientras tanto, en las ciudades, la gente tiene que comprar agua en camiones cisterna.

Un litro de agua para los arándanos. Un balde para la gente. Así se mide el “desarrollo.”

La paradoja del orgullo nacional
Promperú y los ministros de turno siguen paseándose por ferias internacionales, exhibiendo arándanos en vitrinas con lucecitas LED, pregonando que el Perú es el paraíso agroexportador. Mientras tanto, en casa, reina el olvido.

No hay política para proteger acuíferos. No hay voluntad de garantizar salarios dignos. No hay plan de futuro que no sea “vender más.” Se llenan la boca hablando de sostenibilidad, mientras el “oro azul” se cultiva en tierras donde ya no llueve.

La exportación que engorda el plástico
¿Quieres otro absurdo? El arándano peruano, símbolo de la alimentación saludable, viaja miles de kilómetros en avión envuelto en bandejas de plástico. Su huella de carbono es para llorar. Es una fruta para la élite global, que se la come convencida de que está salvando su salud… sin saber que está matando la tierra donde se cultiva.

No se trata de satanizar al arándano. Miles de familias dependen de esta industria. Sería hipócrita negarlo. Pero es inaceptable que en nombre de la agroexportación, el Perú esté sacrificando agua, derechos laborales y futuro. No podemos seguir aplaudiendo cifras de exportación mientras nuestra gente vive sin agua y sin dignidad.

Reflexión Final
La próxima vez que veas una bandejita de arándanos en el supermercado, reluciente bajo el neón y con etiquetas “Healthy” y “Premium”… pregúntate esto:

¿Qué hay detrás de cada berry? Agua que le falta a un poblador de Ica. Horas bajo el sol de una madre en Virú. Y un país que se seca mientras presume su “éxito.”

Porque si seguimos así, ni arándanos tendremos. Ni agua. Ni país.

Fuente: GEO.fr, “Myrtilles du Pérou: les dessous amers du fruit star de nos supermarchés”, 25 mayo 2025.

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