Perú es uno de los países que tiene menor red de carreteras del mundo

Por Edwin Gamboa, fundador, Caja Negra

Mientras Brasil construye autopistas que podrían darle la vuelta al mundo varias veces, Perú apenas logra hilvanar 18 mil kilómetros de carretera. Y, claro, nuestra presidenta sigue sin plan ni brújula, en un país en piloto automático, asediado por la delincuencia, la desigualdad y ahora… por su propia parálisis vial.

Dicen que todas las carreteras conducen a Roma. Pero en el Perú, con apenas 18 mil 699 kilómetros de vías, la verdad es que no conducen a ningún lado. O, mejor dicho, conducen exactamente a donde estamos: al puesto 115 en el ranking mundial de redes viales, con menos kilómetros de carretera que Uruguay y Bolivia, países con territorios que uno podría recorrer en una bicicleta eléctrica en menos de una semana.

Porque mientras Brasil presume sus dos millones de kilómetros de vías, Perú se sigue tropezando con los mismos baches históricos: la informalidad, la corrupción, y ahora, un Gobierno que parece haber decidido que conducir el país es opcional.

El informe Global Fire Power 2025 es claro y doloroso. Perú es uno de los países con menor extensión vial del mundo. Y no se trata solo de una estadística para ingenieros civiles o planificadores de tránsito. No. Una red vial pobre significa aislamiento, pobreza, falta de seguridad y cero respuesta ante emergencias.

¿Alguna vez has intentado llegar a una posta médica en una zona rural?. O peor, ¿has visto lo que pasa cuando hay huaicos, terremotos o inundaciones?. Sin carreteras, el Perú se convierte en islas dispersas, donde los ciudadanos quedan atrapados y el Estado jamás llega.

Pero que no cunda el pánico: tenemos a Dina Boluarte. Bueno… más o menos. Porque nuestra presidenta está ocupada, sí, pero ocupada en sobrevivir políticamente hasta el 28 de julio de 2026. Mientras tanto, el país sigue sin plan de gobierno, sin estrategia de infraestructura, y con menos kilómetros de carreteras que Ecuador, un país que, si bien tiene más volcanes activos que rutas viales, igual nos supera por más del doble.

Porque no es casualidad que Perú esté en el puesto 115 mundial. Basta mirar el presupuesto público y notar que, entre aumentos de sueldos presidenciales, oficinas millonarias para la bicameralidad y compras de aviones de combate, las carreteras no son precisamente la prioridad. Y, sin embargo, son la base del desarrollo económico, social y, sí, de la seguridad nacional.

El informe de Global Fire Power lo explica sin tapujos: una buena red vial permite mover tropas, víveres, maquinaria, ayuda humanitaria y salvar vidas en tiempo récord. En el Perú, en cambio, las tropas se quedarían atrapadas en el tráfico de Puente Piedra mientras intentan llegar al sur para contener un conflicto hipotético. Y ni hablar de mover ayuda hacia comunidades aisladas: en nuestro país, hay zonas a las que ni Google Maps se atreve a llegar.

Y mientras los vecinos avanzan, Perú sigue en el furgón de cola. Bolivia tiene más de 90 mil kilómetros. Uruguay, casi 78 mil. Y nosotros, con apenas 18 mil, tenemos que escuchar a las autoridades decirnos que “se están evaluando proyectos.”

No, presidenta Boluarte. No basta con “evaluar.” No basta con simulacros, ni con discursos. Hace falta un plan. Y no un PowerPoint lleno de “visión país,” sino un plan real, con presupuesto, cronograma y, sobre todo, decisión política.

Porque mientras sigamos con un país en piloto automático, no habrá aviones de combate ni bicameralidad que puedan ocultar la verdad que se extiende –o más bien, no se extiende– en nuestros caminos: Perú está aislado, abandonado y, literalmente, mal conectado.

Reflexión Final
Las carreteras no solo unen ciudades. Unen a los ciudadanos con sus derechos. Con la salud, la educación, el mercado, la seguridad y la justicia.

Así que, señora presidenta, es hora de que alguien en Palacio de Gobierno deje de pensar solo en su sueldo y sus joyas, y comience a pensar en asfaltar el Perú. Porque este país no aguanta más atascos, ni políticos, ni viales.

Y, mientras tanto, seguiremos preguntando: ¿para cuándo la carretera al futuro?.

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