51% de peruanos no tienen candidato para las Elecciones 2026

El Perú se aproxima a las Elecciones Generales 2026 con un récord histórico de indiferencia: el 51 % de los ciudadanos no tiene candidato definido, según la última encuesta de IPSOS. Más de la mitad del electorado prefiere el blanco, el viciado o simplemente no sabe a quién escoger. La explicación es tan evidente como trágica: los políticos no tienen credibilidad, generan rechazo y se han ganado, a pulso, la desconfianza de un país que sobrevive entre el desgobierno de Dina Boluarte, un Congreso en ruinas y el dominio creciente de bandas criminales que ya parecen gobernar más que el propio Estado.

La encuesta no refleja apatía, refleja hartazgo. Décadas de promesas incumplidas, corrupción endémica y mediocridad han convertido el voto en un acto de resignación. Hoy, con una presidenta cuya aprobación bordea el 3% y un Congreso blindado solo a sí mismo, ¿quién puede sorprenderse de que la población prefiera anular su voto antes que respaldar a quienes representan la misma podredumbre de siempre?

En Lima, Rafael López Aliaga encabeza con un 18 % de intención de voto, seguido de Keiko Fujimori con 9 % y Carlos Álvarez con 7 %. En el interior del país, el orden cambia pero la historia es igual de patética: Keiko lidera con un raquítico 7 %, seguida por Álvarez con 6 % y López Aliaga con 5 %. El resto de candidatos apenas arañan porcentajes testimoniales, como si la contienda fuera un festival de nombres reciclados que buscan repetir la farsa.

La lectura es clara: la ciudadanía no rechaza solo a los candidatos, rechaza al sistema político entero. El Perú se encuentra atrapado entre dos poderes que solo piensan en sobrevivir hasta el 28 de julio de 2026: Boluarte, aferrada a la silla presidencial como un salvavidas, y el Congreso, convertido en agencia de blindajes y privilegios. Ambos contribuyen al desencanto colectivo y a la indiferencia ciudadana. Y mientras la política juega a la supervivencia, el país real vive otra dinámica: extorsiones, asesinatos, secuestros, cobro de cupos. Las bandas criminales disputan territorios y se comportan como los verdaderos gobernantes, mientras la población asume que la seguridad ya no vendrá de arriba.

No es casual que más de la mitad de los peruanos no vea opciones electorales: la política está desconectada de la realidad. Mientras el cronograma electoral avanza con sus fechas rígidas —inscripciones, primarias, tachas, padrones—, la ciudadanía se pregunta si elegir entre lo mismo de siempre tiene algún sentido. El resultado: un voto huérfano, sin referentes, sin esperanza, sin dirección.

El 51 % de indecisos no es solo una cifra, es una señal de alarma. Es el reflejo de un país que ya no cree en la política, que ve a sus autoridades como una carga y no como representantes. Es también el testimonio de un vacío de liderazgo que amenaza con ser llenado por oportunistas de ocasión o por outsiders que exploten el hartazgo. El 2026 no se perfila como un ejercicio democrático, sino como un nuevo capítulo de incertidumbre.

Reflexión final
El sarcasmo es inevitable: los ciudadanos ya no buscan al “mejor” candidato, buscan al menos peor… y ni eso encuentran. Las elecciones se acercan y el Perú parece asistir a una función repetida, con actores reciclados y un público cada vez más cansado. Lo irónico es que mientras los políticos juegan a ser candidatos, las mafias ya gobiernan en la práctica. Al final, el gran ganador del 2026 podría no estar en las cédulas, sino en las calles: la criminalidad organizada. El voto está huérfano, y la democracia, en cuidados intensivos.

Por Edwin Gamboa, fundador de La Caja Negra

Lo más nuevo

Artículos relacionados