En un país donde la desigualdad social, la corrupción y la falta de planificación muchas veces frenan el desarrollo, el Proyecto Especial CHAVIMOCHIC (PECH) se presenta como una alternativa real que demuestra que la inversión pública y privada, gestionada con visión y responsabilidad, puede transformar territorios y vidas. Ubicado en la región La Libertad, este megaproyecto hidráulico ha convertido zonas áridas en campos fértiles, ha generado miles de empleos formales, ha consolidado a la región como potencia agroexportadora y ha garantizado agua potable y energía limpia para cientos de miles de peruanos.
CHAVIMOCHIC no es solo una obra de ingeniería, es un modelo de agrosostenibilidad que combina productividad, inclusión social y compromiso ambiental. Su historia y sus resultados nos invitan a reflexionar sobre la importancia de impulsar proyectos que pongan al ciudadano, a la ética y al desarrollo sostenible en el centro de las políticas públicas y las inversiones privadas.
Las cifras son claras. Durante sus dos primeras etapas, el proyecto incorporó 25 500 hectáreas nuevas a la actividad agrícola y mejoró el riego en otras 38 000 hectáreas en los valles de Chao, Virú y Moche. Este proceso transformó el panorama rural y dio origen a un ecosistema agroindustrial altamente competitivo. En 2010, CHAVIMOCHIC generaba poco menos de 27 mil empleos; hoy son más de 126 mil puestos de trabajo directos y formales, y con la ejecución de su tercera etapa se prevé la creación de otros 150 mil empleos adicionales, lo que podría reducir en 1.4 % el desempleo nacional.
El impacto económico también es contundente. La combinación de inversión estatal —más de USD 1 236 millones en obras hidráulicas— y de inversión privada —superior a los USD 1 474 millones en infraestructura agrícola y tecnológica— ha dado frutos visibles. Solo en 2024, las agroexportaciones provenientes del área de influencia de CHAVIMOCHIC alcanzaron USD 1 645 millones, aportando el 27.8 % del PBI regional de La Libertad y el 0.38 % del PBI nacional.
Este modelo no solo ha multiplicado las exportaciones, sino que ha diversificado la oferta agrícola del país con productos de clase mundial como arándanos, paltas, espárragos, uvas y cítricos. La región La Libertad, gracias al impulso del PECH, ya aporta el 13.5 % de las exportaciones no tradicionales del Perú, consolidando al norte como motor estratégico del desarrollo nacional.
Pero CHAVIMOCHIC va más allá de la producción agrícola. Su infraestructura integra energías renovables con un potencial de 90 MW, combinando hidroeléctrica y solar, lo que contribuye a reducir la huella de carbono y avanzar hacia una matriz energética más limpia. Además, cumple un rol fundamental en la provisión de agua potable: actualmente abastece a más de 600 mil habitantes de Trujillo, y con la construcción de nuevas plantas se proyecta alcanzar la cobertura total de agua segura para la población de la ciudad al 2027.
Estos resultados muestran que es posible articular desarrollo económico, sostenibilidad ambiental y bienestar social en un mismo proyecto. CHAVIMOCHIC demuestra que, cuando se planifica con visión de futuro y se ejecuta con responsabilidad, las obras públicas no solo se terminan, sino que transforman realidades.
El caso de CHAVIMOCHIC es una prueba de que el Perú puede superar la inercia de la improvisación, la corrupción y el cortoplacismo si apuesta por proyectos que unan ética, sostenibilidad e innovación. El agua, fuente de vida, se convierte aquí en motor de empleo, competitividad y bienestar, garantizando seguridad alimentaria y oportunidades para miles de familias.
En tiempos donde la desconfianza hacia las instituciones es alta, ejemplos como el PECH nos recuerdan que sí es posible construir un país más justo y próspero cuando se trabaja con visión, transparencia y compromiso social. CHAVIMOCHIC no solo riega la tierra: también riega la esperanza de que el desarrollo sostenible es el camino para un Perú más equitativo y resiliente.
Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra
