El corazón de los Andes volvió a latir con fuerza en torno a la cocina. Ayacucho, tierra de historia, arte y resiliencia, se convirtió en escenario de un encuentro único donde cocineras tradicionales, agricultores y reconocidos chefs como Gastón Acurio y Mitsuharu “Micha” Tsumura pusieron en valor el potencial gastronómico de la región. “La gastronomía ayacuchana es espectacular”, afirmó Acurio, en medio de aplausos, mientras degustaba los platos que resumen siglos de tradición y creatividad popular.
El evento “Compartamos el Éxito”, organizado por el Patronato Pikimachay, no solo celebró la diversidad de sabores, sino que abrió un debate mayor: cómo convertir la cocina ayacuchana en motor de desarrollo sostenible, identidad cultural y atracción turística global.
La jornada reunió a picanteras, panaderos, agricultores y productores locales con chefs de talla mundial. Platos emblemáticos como la Puca Picante, el Mondongo Ayacuchano, el Cuy Chactado, el Chorizo de Huanta o el Qapchi se mezclaron con panes artesanales, helado muyuchi y mazamorra de llipta, en una demostración de riqueza y diversidad que asombró a los visitantes.
Para Acurio, Ayacucho tiene todos los ingredientes para soñar en grande. Propuso imaginar un restaurante de clase mundial en las campiñas ayacuchanas, acompañado de cerámica inspirada en la cultura Wari, mercados que sean vitrinas de panes, quesos, cacaos y cafés, y escuelas con comedores que rescaten lo local. “Un niño ayacuchano puede soñar con ser chef, con creatividad y esfuerzo, porque aquí hay talento y recursos para inspirar al mundo”, reflexionó el chef cuando un pequeño del público le preguntó cómo cumplir su sueño culinario.
Por su parte, Micha Tsumura reforzó la idea de que el futuro del Perú está en sus cocinas regionales, en el reconocimiento de saberes ancestrales y en la innovación que brota desde lo local. Ambos coincidieron en que el reto no es solo preservar la tradición, sino proyectarla al mundo con identidad, calidad e innovación.
El empresario Carlos Añaños, presidente del Patronato Pikimachay, destacó que este esfuerzo lleva años de trabajo silencioso desde la sociedad civil organizada. Subrayó la fuerza de la industria panadera, que involucra a miles de familias, y la labor de guardianes como Edilberto Soto, quien protege cerca de 900 variedades de papa nativa. Además, resaltó el papel de los jóvenes emprendedores que, con productos como el chocolate o el café del VRAE, demuestran que la resiliencia puede convertirse en motor de desarrollo.
El mensaje que dejó Ayacucho tras este encuentro es claro: la gastronomía es más que alimento, es cultura, identidad y oportunidad económica. Convertir la riqueza culinaria en un eje de desarrollo requiere superar trabas como la indiferencia política, la corrupción o la falta de inversión en infraestructura.
Sin embargo, lo visto en este evento refleja un país que no se rinde: productores, cocineras, jóvenes y líderes empresariales creen en la posibilidad de transformar a Ayacucho en un referente mundial de creatividad gastronómica, turismo sostenible e innovación social.
El reto está planteado: consolidar un modelo que ponga al talento local en el centro, que respete el patrimonio agrícola y que proyecte al Perú hacia el mundo con la fuerza de su diversidad. En palabras de Acurio, “la gastronomía ayacuchana es espectacular”. Y lo que es espectacular merece ser cuidado, potenciado y convertido en símbolo de un futuro con dignidad, justicia y orgullo nacional.
