El tablero financiero peruano entra en una etapa decisiva. La SBS anticipa el ingreso de siete nuevas entidades y tres billeteras digitales, mientras la banca cerró el tercer trimestre con ganancias netas de S/ 10.674 millones. Lejos de ser un dato aislado, este dinamismo se apoya en dos palancas que cambian el juego: la interoperabilidad de pagos impulsada por el BCRP y el proyecto de finanzas abiertas, que permitirá a los clientes portar su información con consentimiento y seguridad. El reto es convertir esa mayor competencia en crédito más accesible, servicios transparentes y protección efectiva de derechos, especialmente para mypes y consumidores que hoy pagan tasas altas o enfrentan barreras de acceso.
Aunque cuatro bancos concentran la mayor parte del negocio universal, el ecosistema es más diverso de lo que suele creerse: bancos medianos, corporativos, cajas y microfinancieras atienden nichos distintos, desde créditos para vehículos pesados hasta microcrédito productivo. A ese mosaico se suman jugadores extranjeros, banca digital pura, arrendamiento financiero y emisoras de dinero electrónico que preparan su desembarco. La señal es clara: Perú sigue siendo una plaza atractiva si hay reglas claras, estabilidad macro y canales que reduzcan fricciones de entrada.
La competencia ya no se definirá solo por tasas, sino por experiencia y confianza. La interoperabilidad ha derribado muros entre bancos y billeteras; hoy el usuario puede mover dinero entre plataformas y elegir por conveniencia, no por obligación. El open finance elevará la vara aún más: con datos portables, un buen pagador podrá negociar mejores condiciones y evitar que la asimetría de información lo castigue. Para que esto funcione, la seguridad debe ser innegociable. Un actor puede fallar no por prestar mal, sino por vulnerabilidades tecnológicas; por eso se requieren planes de continuidad, monitoreo antifraude en tiempo real, autenticación robusta y atención ágil ante incidentes.
La mejora competitiva debe sentirse en la vida real. En mypes y consumo, donde el traslado de menores tasas ha sido lento, la entrada de nuevos modelos debería presionar a la baja el costo del crédito y depurar comisiones opacas en desgravamen y seguros. La banca digital puede ampliar inclusión si simplifica onboarding, valida identidad sin estigmas, evita ventas atadas y ofrece educación financiera práctica. También importa el trato a proveedores y trabajadores de la cadena: pagar a tiempo, formalizar y evitar prácticas abusivas no es solo ética; es gestión de riesgo reputacional y base de lealtad del cliente.
Más jugadores y más tecnología no garantizan por sí mismos un mejor sistema; lo hacen cuando se alinean con transparencia, seguridad y competencia leal. Si regulador, bancos, cajas y fintechs ponen al usuario en el centro, Perú ganará un mercado más inclusivo, con créditos más justos y servicios que respeten la dignidad de las personas y de los pequeños negocios. Crecer es importante; crecer con integridad es indispensable.
