Cuando un país mejora su logística, no solo acelera la economía: también redefine su competitividad. En esa línea, el proyecto del tren que conectará el puerto de Chancay con la sierra central apunta a convertirse en una de las piezas más relevantes del nuevo mapa productivo del Perú. Con 120 km de extensión y una inversión estimada de US$ 420 millones, la iniciativa plantea un corredor moderno para trasladar carga —principalmente minerales— hacia el Pacífico, reduciendo tiempos y costos, y abriendo una conversación necesaria sobre infraestructura, desarrollo territorial y sostenibilidad.
El proyecto, adjudicado a PowerChina, busca resolver un cuello de botella histórico: movilizar grandes volúmenes desde zonas mineras del centro del país hasta una salida portuaria con capacidad de escala. La promesa logística es potente: reducir el traslado de 18 horas por carretera a 5 horas por ferrocarril, lo que impacta directamente en costos operativos, seguridad del transporte y previsibilidad para exportadores. Además, se estima que el ahorro para empresas mineras podría superar los US$ 1.500 millones anuales cuando la vía esté operativa, con una proyección de entrada en funcionamiento hacia 2028.
En términos de cronograma, la construcción demandaría alrededor de 36 meses, con la intención de integrarse a la infraestructura del puerto de Chancay, desarrollado con una inversión superior a US$ 3.000 millones. Esa conexión no es un detalle: es lo que convierte a un tren en “corredor”, y a un corredor en una ventaja país. La combinación de puerto + ferrocarril puede atraer servicios logísticos, almacenamiento, transformación ligera de carga y encadenamientos productivos alrededor de nuevas rutas comerciales.
El impacto laboral también es una señal empresarial importante: durante la construcción se proyectan más de 8.000 empleos directos y 30.000 indirectos, con especial incidencia en provincias como Huacho y Barranca, que podrían consolidarse como polos de servicios, transporte y soporte industrial. A esto se suma el componente de gestión social y ambiental: se han planteado acuerdos de compensación y estrategias coordinadas con comunidades, un punto crucial para asegurar continuidad y licencia social en el tiempo.
El tren Chancay–sierra central representa una oportunidad concreta para bajar el “costo Perú” en logística y fortalecer la cadena exportadora. Si se ejecuta con estándares técnicos, ambientales y sociales sólidos, puede elevar productividad, atraer inversión y mejorar la articulación entre minería, transporte y territorio.
Reflexión final
La gran pregunta que deja este proyecto es estratégica: ¿podemos convertir infraestructura en desarrollo inclusivo? El reto no es solo transportar más rápido, sino lograr que el corredor impulse diversificación, formalización y servicios de mayor valor agregado. Con visión de largo plazo, el tren puede ser más que rieles: puede ser un puente entre regiones, competitividad y futuro. (Foto: La República).
