El Perú vuelve a mirar al ferrocarril como una solución moderna para reducir costos y ganar competitividad. El proyecto del tren que unirá el puerto de Chancay con la zona central del país se perfila como una pieza clave para mejorar el traslado de carga —principalmente minera— hacia el Pacífico. Con una extensión de 120 kilómetros, una inversión cercana a US$ 420 millones y operación proyectada para 2028, la iniciativa promete acelerar la logística, fortalecer el hub portuario de Chancay y abrir una conversación estratégica sobre infraestructura productiva.
Según la información del proyecto, la obra estará a cargo de PowerChina, adjudicataria de la construcción a fines de 2025. El diseño busca conectar áreas de producción de la sierra central con el puerto de Chancay mediante una vía férrea integrada al terminal, lo que permitiría un traslado continuo de minerales como cobre y litio. En términos prácticos, el cambio es sustancial: actualmente el transporte por carretera puede tomar alrededor de 18 horas; con el ferrocarril, el tiempo estimado bajaría a cinco horas, reduciendo riesgos operativos y mejorando la planificación de exportaciones.
El proyecto contempla un plazo de construcción aproximado de 36 meses, con componentes de ingeniería exigentes por el trazado en la cordillera. Se prevé la necesidad de soluciones como viaductos y túneles, además de evaluaciones ambientales para proteger ecosistemas frágiles. Esta mirada técnica es importante porque la calidad de la obra definirá su verdadero impacto: un tren eficiente no solo mueve carga, también reduce congestión vial y mejora seguridad en rutas hoy sobreexigidas.
En el plano económico, el potencial es considerable. Una vez en marcha, el ahorro anual para las empresas vinculadas al transporte minero podría superar los US$ 1.500 millones, reflejando cuánto pesa la logística en la estructura de costos. Además, al integrarse con el puerto de Chancay, desarrollado con una inversión superior a US$ 3.000 millones, se refuerza la idea de un corredor productivo que combine infraestructura portuaria y ferroviaria para competir mejor en mercados globales.
El impacto también se proyecta en empleo y territorio: durante la construcción se estima la generación de más de 8.000 empleos directos y 30.000 indirectos, con efectos concentrados en Huacho y Barranca, donde podrían crecer servicios logísticos, mantenimiento, transporte y comercio asociado.
“Así será” este tren: 120 km de conexión estratégica, integración directa con Chancay, reducción drástica de tiempos y un corredor pensado para elevar eficiencia exportadora. Su impacto potencial es una mejora real del “costo Perú” y una mayor competitividad para la cadena minera y logística.
Reflexión final
El desafío es convertir esta promesa en un estándar de ejecución: ingeniería robusta, transparencia, cuidado ambiental y articulación social. Si se logra, el tren Chancay–zona central puede ser mucho más que rieles: una señal de que el Perú apuesta por infraestructura que produce, integra y multiplica oportunidades. (Foto: Apam – Perú).
