En un país que ya normalizó el escándalo como parte del paisaje, hay detalles que igual deberían detenernos en seco. Uno de ellos es simple, verificable y profundamente inquietante: José Jerí: Susana Gutiérrez ingresó a Palacio por la tarde y salió al día siguiente, según registros oficiales difundidos por ATV. No estamos ante un rumor de pasillo ni una “interpretación malintencionada”: hablamos de horarios. Y en política, los horarios también son una forma de rendición de cuentas.
De acuerdo con lo revelado por ATV, la comunicadora Susana Gutiérrez ingresó a Palacio alrededor de las 5 p. m. del 31 de octubre y recién salió a la mañana siguiente. Una noche completa en la sede del Ejecutivo. ¿Qué ocurrió durante esas horas? ¿Qué reunión oficial dura hasta el amanecer y no deja —hasta ahora— una explicación pública, clara y documentada? Porque si hubo trabajo, debería haber agenda; si hubo coordinación, debería haber registro; si fue algo institucional, debería poder contarse sin rodeos.
El caso, además, no cae del cielo: llega con una ruta previa que alimenta sospechas. Según ATV, Gutiérrez fue premiada por Jerí en 2023 por su “liderazgo en los jóvenes”, luego contratada como asesora en su despacho congresal y, posteriormente, incorporada en Palacio con una remuneración superior a S/18 mil mensuales. Nadie cuestiona que una profesional pueda trabajar en el Estado. Lo que se cuestiona es la combinación letal de este país: cercanía política + opacidad + contratación. Ese cóctel es el que destruye la confianza pública.
Y no es un episodio aislado. El mismo reportaje de ATV expone similitudes con la abogada Mayra Marroquín, que registró ingresos en horarios nocturnos antes de su contratación: entró a las 4 p. m. y salió después de las 10 p. m. También aparece el caso de otra abogada, Rosa Rueda, con un registro todavía más extremo: ingreso por la mañana y salida a la 1:45 a. m. Si esto se repite, entonces no hablamos de una “excepción”; hablamos de una práctica que exige respuestas urgentes.
Mientras tanto, la Contraloría ya anunció que investigará contrataciones vinculadas a visitas a Palacio y ha requerido expedientes y documentación a diversas entidades. Eso es lo mínimo cuando la administración pública empieza a oler a “puerta lateral”: la vía rápida para quienes tienen acceso, mientras el ciudadano común se queda con la puerta principal, el trámite y el silencio.
Jerí no puede pedir confianza cuando su gobierno acumula registros que abren más preguntas que certezas. En democracia, la legitimidad se defiende con transparencia, no con evasivas.
Reflexión final
El verdadero problema no es una visita: es lo que simboliza. Si Palacio se convierte en el lugar donde se “arreglan” accesos, se negocian cercanías o se premian lealtades, la meritocracia queda reducida a decoración. Y cuando el poder se mueve de noche y explica de día a medias, el país no solo pierde paciencia: pierde fe. Y sin fe pública, ningún gobierno se sostiene sin blindajes. (Foto: La República).
