Seis personas entraron a Palacio y salieron con contratos de trabajo

Seis personas ingresaron a Palacio el 13 de octubre y salieron al día siguiente, cuando ya era madrugada. No fue una escena menor: ocurrió apenas tres días después de que José Jerí asumiera la presidencia y, como por arte de “gestión”, esas visitas terminaron convertidas en contratos y cargos dentro del propio Despacho Presidencial (La República). En el Perú del trámite interminable, hay gente que no hace cola: hace visita.

Aquí no estamos ante una coincidencia, sino ante un patrón: entran, se quedan hasta tarde y luego cobran. Según los registros y el portal de Transparencia citados por el reportaje, Royer Azañero Álvarez ingresó el 13 de octubre a las 10:18 a. m. y salió a la 1:15 a. m.; en diciembre de 2025 percibió más de S/30.000 mensuales. Hilda Zapata Juárez entró a las 10:58 p. m. y salió a las 2:37 a. m.; en diciembre registró más de S/26.000. Luis Solórzano Yabar ingresó a las 3:49 p. m. y se retiró a la 1:14 a. m.; luego fue nombrado jefe de RR. HH. y en diciembre percibió S/26.000.

La lista se completa con otras tres personas que también cruzaron Palacio ese mismo 13 de octubre y luego terminaron contratadas. Rosa Rueda Yaya ingresó a las 9:55 a. m. y salió a las 00:32 a. m.; en diciembre recibió S/6.322 como analista administrativa II y S/3.333 adicionales por locación FAG. Sheyla Briones Ordinola ingresó a las 9:40 a. m. y salió a las 00:40 a. m.; dos semanas después obtuvo locación FAG con S/10.000 (La República, 05/02/2026). Y Rosario Espinoza Días entró a las 9:17 a. m. y salió a la 1:12 a. m.; fue contratada como locadora FAG con S/15.600.

Lo que indigna no es solo el monto: es la señal. Cuando el Estado se mueve con esta rapidez para algunos, la ciudadanía entiende el mensaje: la meritocracia es un afiche; el verdadero filtro es la cercanía al poder. Y mientras el país exige seguridad, empleo y servicios, la Presidencia aparece administrando otra cosa: confianzas privadas con dinero público.

Seis visitas nocturnas convertidas en seis sueldos no son “gestión”. Son un síntoma de un Estado capturado por redes de acceso, donde la puerta correcta vale más que cualquier concurso.

Reflexión final
Si Palacio premia la visita y castiga el mérito, el problema no es un escándalo aislado: es la normalización del favor como política. Y cuando el poder se acostumbra a repartir el Estado, lo que queda en ruinas no es el presupuesto: es la confianza.(Foto: La República).

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