La más reciente encuesta de Imasen no es una fotografía pasajera: es un diagnóstico profundo de la crisis de representación en el Parlamento peruano. Según el estudio, las bancadas que sostienen al presidente interino José Jerí —Alianza para el Progreso (APP) y Fuerza Popular— están entre las más desaprobadas por la ciudadanía, con niveles de rechazo que rozan cifras históricas. Cuando la política no solo fracasa en resultados sino que también pierde legitimidad, el país no se divide en opiniones moderadas: se expresa con cifras contundentes.
Los números no dejan espacio para eufemismos. APP registra un 94,2% de desaprobación y apenas 1,1% de aprobación; Fuerza Popular acumula 82,1% de rechazo frente a solo 12,9% de respaldo; y la bancada de Somos Perú, el partido de Jerí, no queda atrás con 87,0% de desaprobación y solo 3,0% de aprobación (Imasen). Ninguna de estas agrupaciones supera el umbral mínimo de respaldo que merece confianza ciudadana. Cuando un partido o bancada alcanza niveles de rechazo tan elevados, la política deja de ser evaluación y se convierte en sentencia.
Este desprestigio no surge en el vacío. Corresponde a un patrón de gestión que ha priorizado la supervivencia política y el blindaje del Ejecutivo sobre la rendición de cuentas, la transparencia y los resultados tangibles en áreas como salud, seguridad y empleo. En lugar de fiscalizar, estas bancadas han optado por defender al Ejecutivo ante cuestionamientos sobre reuniones opacas en Palacio de Gobierno, presuntos casos de tráfico de influencias y contrataciones que la ciudadanía no comprende ni acepta.
La percepción negativa se replica en todo el país. En Lima y Callao, la desaprobación del Congreso sube a 87,0%, con aprobación que cae a 12,0%. En el norte, el rechazo aumenta a 91,1% y la aprobación cae a 8,1%; en el sur alcanza 93,2%, con respaldo apenas de 5,3%; y en el oriente la desaprobación supera el 80% (Imasen). Es un rechazo transversal que no permite refugiarse en diferencias regionales: la crisis de confianza es nacional.
Y el mismo patrón aparece en la evaluación del presidente del Congreso, cuya desaprobación alcanza 70,5%, mientras su aprobación apenas llega a 23,9% (Imasen). La ciudadanía no mide discurso: mide coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Y allí la política falla.
Jerí no solo enfrenta cuestionamientos propios: arrastra a quienes lo sostienen. Fujimori y Acuña no son aliados neutrales, sino coautores de un blindaje político que hoy se expresa como rechazo ciudadano masivo. La supervivencia parlamentaria no puede confundirse con legitimidad pública.
Reflexión final
La Caja Negra sostiene que la gobernabilidad no se construye con silencios ni con resistencias tácticas. Se construye con control político responsable, transparencia, compromisos claros y rendición de cuentas. Cuando una bancada decide que su prioridad es proteger al Ejecutivo por encima de la ciudadanía, está eligiendo el cálculo político sobre la justicia social. Y eso —en una democracia madura— no solo se desaprueba: se exige corregir. (Foto: La República).
Fuente: Encuesta Imasen — datos de desaprobación y aprobación por bancada (2026).
