Si cae José Jerí, ¿quién sube? El relevo con historial incluido

Cuando un país entra en modo “interinato permanente”, la política deja de ser rumbo y se vuelve pasarela. Hoy, la permanencia de José Jerí pende de un trámite: ya se habla de 72 firmas para forzar un Pleno extraordinario y, con adhesiones anunciadas, rozar o superar el umbral de 78. El problema no es solo quién se va, sino qué clase de reemplazo nos ofrece el Congreso cuando la Presidencia se convierte en un asiento giratorio.

El reglamento no está escrito para salvar reputaciones, sino para activar la maquinaria. Si se juntan las tres quintas partes, el presidente del Congreso debe tramitar la convocatoria; si no, el procedimiento puede recaer en otras autoridades del Parlamento. Perfecto: la institucionalidad funciona. Lo que no funciona es la calidad del menú político que aparece cada vez que el país tiembla.

Los nombres que suenan para ocupar el sillón hasta el 28 de julio resumen esa contradicción: María del Carmen Alva (Acción Popular) y José María Balcázar (Perú Libre). Dos perfiles, dos trayectorias… y un mismo ruido de fondo: polémicas que no deberían normalizarse como “currículum de transición”.

Alva carga episodios que el país recuerda no por reformas, sino por escenas: jalones, frases de propiedad sobre instituciones públicas, forcejeos políticos. Y aun así, hay quienes la venden como “transición predecible”. En el Perú, lo “predecible” suele ser que el poder se defienda a codazos.

Balcázar, por su lado, llega con una trayectoria marcada por sanciones y controversias éticas, además de declaraciones que generaron rechazo social e institucional. En cualquier democracia que se respete, ciertas posturas deberían descalificar de inmediato a un posible jefe de Estado, incluso “por pocos meses”. Aquí, en cambio, se relativizan.

La discusión no puede reducirse a “¿quién reemplaza a Jerí?”, como si estuviéramos cambiando una llanta. La pregunta real es: ¿por qué la sucesión nos ofrece, otra vez, un catálogo de antecedentes antes que un plan de país? Mientras el Congreso juega ajedrez con firmas, el ciudadano sigue pagando la cuenta del desgobierno.

Reflexión final
Un relevo no es solución si el sistema insiste en premiar la impunidad, el escándalo o la mediocridad como si fueran experiencia. El Perú no necesita solo un nuevo nombre: necesita decencia política como estándar, no como excepción. Porque cuando la Presidencia se vuelve “interina”, lo que se vuelve permanente es la resignación. (Foto: GEC).

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