Rospigliosi “invalida firmas” y blinda a Jerí: vergüenza nacional

En el Perú, la democracia no se mata con un golpe: se asfixia con trámites. Y esta semana Fernando Rospigliosi —presidente del Congreso y candidato al Senado por Fuerza Popular— nos regaló el manual actualizado del blindaje elegante: declarar “inválidas” la mayoría de firmas para convocar a un pleno extraordinario que debatiría la censura a José Jerí. Según su versión, de 81 firmas digitales presentadas, solo 29 serían válidas. Y así, con la excusa perfecta —ni muy burda ni muy inocente— el fujimorismo vuelve a hacer lo que mejor domina: convertir la indignación ciudadana en un archivo administrativo.

La jugada es de libreto: cuando el país exige un debate político, te responden con un “problema de forma”. No importa que exista un escándalo nacional, no importa que haya una crisis de confianza, no importa que Jerí acumule cuestionamientos que ya no caben ni en un comunicado: el obstáculo ahora es el “sistema”, las “firmas”, la “validez”. Rospigliosi dice que ya “informó a los promotores” que deben corregir el error y que recién entonces convocará. Qué conveniente: el país pide control político y el Congreso ofrece un taller de digitación.

Pero el detalle más revelador no es el conteo: es el contexto. Fuerza Popular no firmó la solicitud, y quien hoy “valida” y “desvalida” la iniciativa es precisamente un fujimorista que, casualmente, también está en campaña. Cuando el árbitro también juega el partido, la “legalidad” se vuelve un disfraz: no para proteger la institución, sino para proteger al aliado de turno.

El mensaje político es grosero, aunque lo digan con corbata: “la censura no pasa porque no queremos que pase”. Hoy no se discute si Jerí merece o no ser censurado; se discute si los congresistas llenaron bien un formulario. Esa es la degradación. Y lo peor: lo hacen vendiéndolo como “defensa de la institucionalidad”, como si la institucionalidad fuera el derecho de un presidente cuestionado a seguir respirando impunidad mientras el país se pudre en inseguridad, crisis y cinismo.

El Reglamento del Congreso establece procedimientos y plazos para convocar un pleno extraordinario, pero aquí el problema nunca fue la norma: es la voluntad. Cuando el Congreso usa la ley como tranca y no como camino, no gobierna la democracia: gobierna el miedo a perder el poder.

Reflexión final
Que nadie se engañe: esto no es un “error” de firmas. Es una patraña con sello oficial. Es el viejo reflejo del fujimorismo: obstaculizar, blindar, dilatar, y luego pedir que “no se desestabilice el país”. La verdadera desestabilización es esta: que el Parlamento convierta la rendición de cuentas en una broma.

Y sí: ojalá los ciudadanos se acuerden el 12 de abril. Porque el voto también es memoria. Y la memoria es lo único que puede romper el blindaje. (Foto: Wanka York Times).

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