En deuda: Perú recibió en 2025 solo 3,4 millones de turistas

Perú cerró 2025 con 3,4 millones de turistas internacionales. La cifra, que en cualquier país serio sería evaluada con lupa estratégica, aquí se presenta como “avance” por el simple hecho de no caer. Pero el dato duro es otro: seguimos casi un millón por debajo del 2019, el último gran año prepandemia. Seis años después, el turismo —una de nuestras principales máquinas de empleo y divisas— continúa sin recuperar su nivel histórico. No es mala suerte: es el saldo acumulado de la inestabilidad, el desgobierno y la indiferencia con que se ha tratado al sector durante los gobiernos de Pedro Castillo, Dina Boluarte y José Jerí.

El turismo no se recupera con frases ni con fotos. Se recupera con conectividad, infraestructura, seguridad, promoción y coordinación estatal. Y justamente allí está el agujero negro: falta dirección política y sobran parches improvisados. Mientras otros países de la región despegaron con decisiones claras, el Perú se quedó atrapado en su especialidad: crisis tras crisis, ministros que duran menos que una temporada alta, promesas que se anuncian como si fueran obras, y obras que no llegan como si fueran promesas.

Lo más irónico —y doloroso— es que el Perú tiene todo para ganar: marca global, diversidad natural, gastronomía, historia, patrimonio y destinos de clase mundial. Pero el Estado ha sido incapaz de hacer lo básico: carreteras turísticas mantenidas, aeropuertos regionales con equipamiento adecuado, rutas internas eficientes, planes de promoción sostenidos y una coordinación real entre Mincetur, MTC, gobiernos regionales y municipios. Así, se vende “potencia turística” mientras el turista enfrenta cancelaciones, deficiencias logísticas y un país que parece no ponerse de acuerdo ni para recibir a quien viene a gastar aquí.

La señal más clara del fracaso es el contraste: cada turista menos es ingreso perdido para hoteles, restaurantes, guías, transportistas, artesanos y comunidades. Mientras tanto, más peruanos viajan al exterior que antes de la pandemia. Es decir: el ciudadano se mueve y consume turismo cuando puede; el Estado, en cambio, no logra que el mundo vuelva a elegirnos con la misma fuerza.

Que Perú reciba 3,4 millones de turistas en 2025 no es motivo de celebración: es evidencia de rezago. El turismo no está estancado por falta de atractivos, sino por falta de gobierno. Y cuando el Estado falla, el mercado no “compensa”: simplemente se va a otro destino.

Reflexión final
El turismo es una prueba de capacidad estatal: exige orden, inversión, seguridad y visión. Seis años sin recuperar el nivel prepandemia es el retrato de una política que administra crisis, pero no construye futuro. Si el país sigue tratando al turismo como un eslogan, el mundo seguirá pasando de largo. Y lo peor: seguiremos perdiendo oportunidades en silencio, mientras nos repetimos que “vamos mejorando”. (Foto: Portal de Turismo).

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