Renovación Popular niega confianza al gabinete Miralles: alerta

Renovación Popular anunció que no dará el voto de confianza al gabinete de Denisse Miralles y que evalúa una moción de censura. La noticia no sorprende por el gesto parlamentario —en el Perú, la confrontación ya es parte del mobiliario— sino por lo que revela: un Ejecutivo que nace con olor a improvisación y un Congreso que huele oportunidad. Y, en medio, un país que mira otra vez el mismo libreto: gabinetes de corta vida, pactos de larga sombra y “transiciones” que se sienten como pretexto.

La bancada sustenta su negativa con una acusación frontal: repartija de carteras entre fuerzas políticas —menciona a APP y Perú Libre— y un “pacto” que priorizaría cuotas de poder por encima del interés público. Lo grave no es solo el adjetivo; es el contexto. Miralles juró en un giro abrupto, luego de que se instalara la expectativa de que Hernando de Soto asumiría la PCM y, de pronto, el tablero cambió. Ese “cambiazo” no es un chisme de pasillo: es una señal política de que los acuerdos no cuajaron o, peor, de que cuajaron en otra dirección.

Aquí aparece un detalle que el país ya no tolera: la normalización del método. Se anuncia, se filtra, se desmiente, se reemplaza, se jura. Y al final, se exige “confianza” como si la confianza fuera un trámite, no un capital que se construye con transparencia. La Presidencia sostiene que el gabinete se conformó con “criterios técnicos” y “compromiso democrático”. Pero cuando el nacimiento de un gabinete ocurre bajo presión, sin explicaciones contundentes y con un cambio de último minuto, la palabra “técnico” queda como maquillaje: puede existir, sí, pero ya no alcanza.

Renovación Popular, además, plantea que si se concreta una censura, la elección del reemplazo se haga con votación pública, para que la ciudadanía identifique responsabilidades. La idea suena elemental, casi obvia. Y que tenga que pedirse como novedad es el diagnóstico más duro: la política peruana se acostumbró a decidir mucho y explicar poco.

El anuncio de Renovación Popular no es solo oposición: es el reflejo de un sistema donde la gobernabilidad se juega como pulseada, no como proyecto. Si el gabinete empieza rodeado de sospechas, el voto de confianza se vuelve una prueba de fuego, no una formalidad.

Reflexión final
La democracia se desgasta cuando el ciudadano entiende que el Estado puede cambiar de guion sin rendir cuentas, y el Congreso puede amenazar con censura como instrumento de presión permanente. En ese choque, la ética pública queda relegada. Y sin ética —sin reglas claras, decisiones explicadas y responsabilidades visibles— la palabra “confianza” deja de ser política: se vuelve una burla institucional. (Foto: LR).

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