Hoy debate presidencial 2026: el país exige algo más que eslóganes

Este lunes 23 de marzo, a las 8:00 p.m., arranca la primera jornada del debate presidencial organizado por el Jurado Nacional de Elecciones en el Centro de Convenciones de Lima. Durante tres fechas —23, 24 y 25 de marzo—, los candidatos expondrán sus propuestas en bloques sobre seguridad ciudadana, integridad pública, preguntas ciudadanas y mensajes finales. Moderarán Fernando Carvallo y Claudia Chiroque. Sobre el papel, el país se prepara para escuchar ideas. En la práctica, se juega algo más: la posibilidad de distinguir entre propuestas reales y discursos vacíos.

El debate es, en esencia, un examen público. Pero no siempre se rinde como tal. En un contexto donde la inseguridad golpea diariamente y la corrupción sigue erosionando instituciones, el país no necesita frases contundentes, sino respuestas concretas. Sin embargo, la experiencia indica que muchos candidatos suelen privilegiar la consigna rápida sobre la explicación profunda, el impacto inmediato sobre la viabilidad de sus propuestas.

En esta primera jornada participarán 11 candidatos, representando distintas corrientes políticas y trayectorias. La diversidad debería enriquecer el intercambio. Pero también puede diluirlo si el formato —marcado por tiempos breves y réplicas limitadas— favorece más la agilidad que la profundidad. Un minuto basta para prometer, pero no para demostrar cómo se financiará, ejecutará o sostendrá una política pública.

Allí está el verdadero problema: el país no enfrenta una crisis de ideas, sino de ejecución. Propuestas sobran; lo que escasea es la capacidad de convertirlas en resultados. Por eso, el debate no debería medirse por quién gana en retórica, sino por quién logra sostener coherencia, conocimiento técnico y responsabilidad frente a los problemas más urgentes.

Además, el formato incluye preguntas ciudadanas, un elemento valioso si se usa para confrontar a los candidatos con la realidad cotidiana. Pero incluso ese espacio puede perder fuerza si las respuestas se convierten en evasivas o generalidades. La ciudadanía no necesita discursos amplios; necesita claridad, compromisos verificables y decisiones concretas.

El debate presidencial puede ser una herramienta democrática poderosa, pero también puede convertirse en una puesta en escena si no logra incomodar, exigir y revelar. El riesgo no está en que los candidatos discrepen, sino en que todos coincidan en prometer sin explicar.

Reflexión final
A las 8:00 p.m., el país no solo verá un debate. Verá un espejo. Allí quedará expuesto si la política está dispuesta a asumir su responsabilidad o si seguirá refugiándose en el espectáculo. Porque cuando el debate se reduce a forma y no a fondo, la elección deja de ser una decisión informada y se convierte en un acto de fe. Y el Perú, hoy más que nunca, no necesita creer: necesita entender y decidir con claridad.

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