En el Perú, las lluvias no solo arrastran barro, basura y desborde de rÃos. También arrastran una verdad incómoda: cada temporada de emergencia expone que el Estado sigue llegando tarde, mal y casi siempre con un comunicado bajo el brazo. Hoy la leptospirosis vuelve a poner esa miseria institucional frente a los ojos del paÃs. El Ministerio de Salud ha advertido un aumento de casos asociado a lluvias intensas e inundaciones, mientras RPP reportó que ya se superan los mil casos y que hay fallecidos vinculados a esta enfermedad. Es decir, no estamos ante una rareza tropical ni ante una simple alerta sanitaria: estamos ante otra prueba de cómo la precariedad pública termina enfermando a los más vulnerables.
La leptospirosis es una enfermedad bacteriana transmitida por contacto con agua, barro o superficies contaminadas con orina de animales infectados, especialmente roedores, que actúan como reservorios. Sus sÃntomas pueden comenzar con fiebre, dolor muscular intenso, sobre todo en las pantorrillas, dolor abdominal, irritación ocular e ictericia. El problema no es solo médico. El problema es polÃtico. Porque esta bacteria no prospera en el vacÃo: prospera donde hay aguas estancadas, falta de saneamiento, descontrol de roedores y abandono estatal acumulado.
Las regiones más afectadas incluyen Loreto, Cusco, Tumbes y Ucayali, precisamente territorios donde cada lluvia fuerte deja al descubierto no solo la fragilidad de la infraestructura, sino la pobreza de la prevención. Y ahà aparece la ironÃa peruana de siempre: cuando el riesgo ya está instalado, recién se activa la alerta epidemiológica nacional. El Minsa emitió la AE-CDC N.° 004-2026 el 20 de marzo de 2026, cuando el problema ya venÃa creciendo de la mano de inundaciones y lluvias intensas. Otra vez el paÃs parece reaccionar cuando el agua ya entró a la casa y la enfermedad ya encontró cómo circular.
Por supuesto, las recomendaciones oficiales son correctas: no andar descalzo, usar botas, evitar ingresar a aguas estancadas, acudir al establecimiento de salud ante fiebre y dolor muscular. Pero hay algo casi cruel en repetir consejos individuales en lugares donde la población vive rodeada justamente por aquello que se le pide evitar. Decirle a una familia que no cruce agua contaminada cuando su barrio entero está inundado es una forma elegante de convertir el abandono estructural en responsabilidad personal.
La leptospirosis no está creciendo solo por culpa de la lluvia. Está creciendo porque la lluvia cae sobre un paÃs que sigue administrando la prevención como si fuera un favor y no una obligación pública.
Reflexión final
Cada brote deja una lección que el poder se empeña en desaprovechar: las enfermedades no golpean igual en todas partes; golpean más donde el Estado decidió ausentarse primero. Y cuando una bacteria encuentra mejor organización que la respuesta pública, el problema ya no es solo sanitario. Es moral, polÃtico y profundamente nacional. (Foto: El Popular).
