Barómetro en Perú: 93% exige cambiar el sistema político

El dato no admite maquillaje ni excusas de ocasión: el 93% de peruanos cree que el sistema político debe cambiar. No se trata de una molestia pasajera ni de una rabieta electoral. Es una señal de agotamiento democrático, de hartazgo cívico y de profunda desconfianza frente a una clase política que ha convertido la representación en una promesa vacía. El Barómetro de las Américas en Perú no retrata solo una opinión: retrata una condena ciudadana contra un sistema que ya no inspira confianza, respeto ni esperanza.

Cuando apenas el 18% de la población se declara satisfecha con el funcionamiento de la democracia, lo que está en crisis no es solo un gobierno, un Congreso o una elección. Lo que está en crisis es la credibilidad misma del modelo político que administra el país. Y eso tiene responsables claros. Durante años, el Perú ha sido gobernado por élites incapaces de escuchar, partidos sin vida interna, congresistas más atentos a sus cálculos que al bien común, y dirigentes que se acuerdan del ciudadano solo cuando necesitan su voto.

El resultado de esa conducta ya está a la vista. Ocho de cada diez peruanos creen que más de la mitad o todos los políticos están implicados en corrupción. Y tres de cada cuatro piensan que esos mismos políticos reciben dinero de grupos criminales. Es decir, la política ha dejado de ser vista como una herramienta de representación para convertirse, en la percepción ciudadana, en un espacio contaminado por intereses oscuros, impunidad y complicidad. La tragedia no es solo moral; es institucional.

Más grave todavía es que apenas el 8% simpatice con un partido político. Ese dato revela el colapso de las organizaciones que, en teoría, deberían canalizar ideas, demandas y proyectos de país. Hoy, en cambio, muchos partidos parecen meros vehículos electorales, cascarones que aparecen en campaña y desaparecen cuando toca construir democracia en serio. Luego se preguntan por qué el ciudadano desconfía, vota con resignación o se aleja de la política. La respuesta es sencilla: porque la política primero se alejó de él.

Y, sin embargo, pese a tanta decepción, una mayoría todavía considera que deben respetarse los resultados electorales. Allí hay una lección que la élite no quiere escuchar: el ciudadano peruano sigue mostrando más compromiso con la democracia que quienes dicen defenderla mientras la degradan desde dentro.

El 93% que exige cambios no está pidiendo un simple retoque. Está reclamando una transformación profunda de la forma en que se ejerce el poder en el Perú. No quiere más maquillaje institucional. Quiere legitimidad, decencia y representación real.

Reflexión final
Lo más peligroso para una democracia no es solo que la gente proteste contra el sistema. Lo más peligroso es que deje de creer en él. Y si el Perú ha llegado a ese punto, no es por culpa del ciudadano desencantado, sino de una dirigencia que confundió gobernar con repartirse el país. (Foto: RPP).

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