El anuncio del Ministerio de Salud de incluir por primera vez la vacunación contra el virus sincitial respiratorio (VRS) para gestantes y recién nacidos marca, sin duda, un avance. Pero también expone una verdad incómoda: el Perú llega tarde. Muy tarde. Mientras el mundo discute coberturas universales y estrategias integrales, aquí recién se reconoce una “deuda histórica” en una de las principales causas de muerte neonatal.
El VRS no es un enemigo nuevo. Es un virus conocido, documentado y prevenible, responsable de millones de hospitalizaciones y miles de muertes infantiles cada año. En el Perú, afecta especialmente a los más vulnerables: prematuros, recién nacidos y bebés pequeños. Puede derivar en bronquiolitis severa o neumonía, cuadros que, sin atención oportuna, pueden terminar en tragedia. Por eso, la decisión de vacunar a gestantes y proteger a los neonatos con anticuerpos monoclonales como el nirsevimab es correcta. Técnica y médicamente, no hay discusión.
Lo que sí debe discutirse es el contexto. ¿Por qué se llega recién ahora? ¿Cuántas vidas se perdieron mientras esta medida permanecía en la lista de pendientes? El propio ministro Juan Carlos Velasco admitió que se trata de una deuda histórica. Y en salud pública, las deudas no se pagan con discursos, se pagan con prevención efectiva y cobertura real.
El problema no es solo la decisión, sino la capacidad del Estado para ejecutarla. El Perú no ha logrado cerrar brechas en su propio calendario regular de vacunación. Miles de niños siguen sin completar esquemas básicos, y el riesgo de reaparición de enfermedades prevenibles continúa latente. En ese escenario, anunciar una nueva vacuna es importante, pero no suficiente. Porque entre el anuncio y la aplicación existe un sistema que muchas veces no llega a tiempo.
La implementación será la verdadera prueba. ¿Habrá suficientes dosis? ¿Llegarán a las regiones más alejadas? ¿Existirá una cadena de frío eficiente? ¿Se capacitará adecuadamente al personal de salud? ¿Se informará correctamente a la población? Son preguntas que no deberían responderse después, sino antes.
Además, hay un factor estructural que no se puede ignorar: la desigualdad en el acceso. En el Perú, nacer en Lima no es lo mismo que nacer en la Amazonía o en zonas rurales. Y en salud neonatal, esa diferencia puede significar la distancia entre la vida y la muerte. Si esta política no corrige esa brecha, entonces será un avance parcial en un sistema todavía fragmentado.
La incorporación de la vacuna contra el VRS es un paso necesario, pero no puede ser presentado como un logro aislado. Es, en realidad, el inicio tardío de una corrección que debió llegar antes. La salud pública no se mide por anuncios, sino por resultados sostenidos.
Reflexión final
Un país no protege a su infancia cuando reacciona tarde, sino cuando se anticipa. Hoy, el Perú tiene la oportunidad de cambiar esa lógica. Pero si la vacuna se queda en el papel, en la logística fallida o en la desigualdad territorial, el problema no será el virus. Será, una vez más, el Estado llegando después. (Foto: Andina).
