BCP aumenta comisiones por tarjetas de débito y retiro de efectivo

El reciente anuncio del BCP sobre el aumento de comisiones por tarjetas de débito y retiro de efectivo no debería leerse como un simple ajuste tarifario. Debería entenderse como una señal de alerta sobre una práctica cada vez más normalizada en el sistema financiero: cobrar más por servicios básicos que millones de peruanos usan no por comodidad, sino por necesidad. Cuando el banco más grande del país decide encarecer operaciones cotidianas, no estamos ante una novedad administrativa menor, sino ante una decisión que impacta directamente en la economía doméstica de sus clientes.

Desde el 25 de mayo de 2026, el BCP elevará el costo de emisión de la tarjeta de débito con diseño y también incrementará el cobro por retiro de efectivo en cajeros de otros bancos. En apariencia, podría parecer un ajuste técnico. Pero en el fondo es algo más serio: una nueva carga trasladada al usuario en un contexto donde cada sol cuenta.

El problema no está solo en el aumento puntual, sino en la lógica que lo sostiene. El cliente ya paga por mantener cuentas, por ciertos servicios, por operaciones fuera de red y, en muchos casos, por errores o retrasos. Ahora también deberá asumir un mayor costo por acceder a su propio dinero cuando el sistema no le ofrece alternativas suficientemente amplias, accesibles o gratuitas. Eso erosiona la confianza y fortalece la sensación de que la relación entre banco y cliente es cada vez más desigual.

La situación resulta aún más preocupante si se observa el contexto reciente. Tras el incremento de comisiones por adelanto de sueldo en 2025, el banco vuelve a mover sus tarifas hacia arriba. Además, se ha anunciado un interés moratorio para ese producto, donde antes era 0%. El patrón es claro: el usuario paga más por anticiparse, paga más por demorarse y ahora también paga más por operar. Todo bajo comunicaciones amables, ordenadas y corporativamente impecables, pero con un resultado muy concreto: el costo siempre termina bajando al ciudadano.

El debate no pasa por negar que una empresa privada pueda actualizar sus tarifas. El punto es otro: si ese poder se ejerce con criterio de servicio o con lógica puramente recaudadora. Cuando un banco líder encarece trámites y operaciones básicas, la preocupación deja de ser individual y se vuelve pública. Porque lo que está en juego no es solo una comisión, sino el modelo de relación que se impone al usuario.

Reflexión final
Un sistema financiero sólido no se construye solo con utilidades, sino con legitimidad. Y esa legitimidad empieza a resquebrajarse cuando retirar efectivo o reponer una tarjeta se convierte, una vez más, en una oportunidad para cobrar más. Al final, el mensaje que recibe el cliente es inquietante: en la banca moderna, hasta tocar tu propio dinero puede salir más caro. (Foto: El Popular).

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