El fútbol peruano exige respeto ante el silencio de la Conmebol

Cusco FC perdió 2-0 ante Flamengo, sí. Pero el marcador no alcanza para explicar la indignación que dejó la noche copera en el Cusco. Lo que verdaderamente encendió la protesta fue otra escena ya demasiado familiar en el fútbol sudamericano: decisiones arbitrales discutibles, un VAR que vuelve a oscurecer más de lo que aclara, y una Conmebol que, frente a la controversia, prefiere refugiarse en el silencio. Cuando un club peruano debe salir a exigir respeto después de un partido internacional, el problema ya no es solo deportivo: es institucional, ético y profundamente preocupante.

El comunicado de Cusco FC no es una protesta caprichosa ni una excusa por una derrota. Es el retrato de una molestia fundada. Un gol anulado a Marlon Ruidías que generó controversia, decisiones arbitrales que dejaron dudas razonables y un uso del VAR que, lejos de disipar sospechas, las multiplicó. Y ahí está el punto más delicado: el VAR fue vendido como garantía de justicia, pero demasiadas veces termina funcionando como una cortina tecnológica detrás de la cual se blindan errores que antes al menos podían discutirse sin simulación de certeza.

Cuando una jugada polémica se revisa en pantalla y aun así el resultado deja la impresión de arbitrariedad, el problema deja de ser humano para volverse sistémico. Porque ya no hablamos de un error instantáneo del juez; hablamos de un procedimiento revisado, validado y ratificado. Es decir: una cadena completa de decisiones que termina afectando la credibilidad del torneo.

Y mientras eso ocurre, la Conmebol vuelve a ejecutar su libreto favorito: el mutis. Ese silencio, lejos de proteger al torneo, lo degrada. Una institución que organiza la competencia más importante del continente no puede reaccionar como si las dudas arbitrales fueran simples molestias colaterales del espectáculo. La Conmebol calla cuando debería explicar. Calla cuando debería transparentar audios del VAR. Calla cuando debería sancionar. Y en ese mutismo termina alimentando una percepción peligrosa: que algunos errores pueden enterrarse siempre que el escándalo no crezca demasiado.

La frase de Cusco FC —“el fútbol peruano merece un lugar de respeto en el continente”— es más que una declaración institucional: es un reclamo histórico. Porque demasiadas veces los clubes peruanos sienten que deben disputar dos partidos: uno contra el rival y otro contra decisiones arbitrales que rara vez reciben aclaración convincente. Y lo más grave es que esa sensación ya no sorprende; empieza a normalizarse.

También resulta alarmante la tibieza de la FPF y la escasa solidaridad de otros clubes nacionales. Cuando un equipo peruano denuncia haber sido perjudicado en un torneo internacional, el respaldo no debería depender de colores ni rivalidades domésticas. Hoy fue Cusco FC; mañana puede ser cualquiera. Pero mientras cada injusticia se enfrente en soledad, el mensaje hacia afuera seguirá siendo el mismo: al fútbol peruano se le puede perjudicar sin mayor costo.

Alejandro Domínguez no puede seguir administrando estos episodios con discursos protocolares. Si quiere defender la legitimidad de la Libertadores, debe castigar arbitrajes deficientes, transparentar decisiones y demostrar que la justicia deportiva no depende del tamaño del escudo ni del peso comercial de un club.

Lo ocurrido en Cusco no fue una simple polémica arbitral. Fue otra señal de alarma sobre una Copa Libertadores que corre el riesgo de perder autoridad moral cada vez que el VAR encubre más de lo que aclara y la Conmebol responde con silencio administrativo.

Reflexión final
El fútbol sudamericano no se erosiona solo por corrupción o violencia. También se erosiona cuando un club reclama justicia y encuentra silencio; cuando el VAR promete transparencia y entrega opacidad; cuando el respeto debe exigirse porque ya no viene garantizado. Y ese es el verdadero problema: cuando la confianza en la competencia empieza a depender más de la paciencia del perjudicado que de la obligación de corregir del poderoso. (Foto: lacajanegra.blog).

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