Italia podría ir al Mundial 2026 por la guerra entre EE. UU. e Irán

Italia quedó fuera del Mundial 2026 donde debía quedar: en la cancha. La derrota por penales ante Bosnia y Herzegovina el 31 de marzo no solo prolongó una crisis deportiva profunda, sino que dejó a la ‘azzurra’ fuera de su tercera Copa del Mundo consecutiva. Pero ahora, por efecto de la guerra entre Estados Unidos e Irán y por la elasticidad reglamentaria de la FIFA, ha comenzado a circular una posibilidad tan incómoda como reveladora: que Italia vuelva por la ventana, no por mérito deportivo, sino por una crisis geopolítica ajena al juego. Reuters informó que Irán sigue esperando una respuesta de la FIFA a su pedido de mudar sus partidos de la fase de grupos desde Estados Unidos a México por razones de seguridad.

El problema no es solo Italia. El verdadero problema es la FIFA y su peligrosa inclinación a dejar abiertas puertas que nunca deberían quedar entreabiertas. El artículo 6.7 del reglamento permite que, si una selección clasificada se retira o es excluida, el organismo designe a su reemplazante “a su entera discreción”. Esa palabra —discreción— es precisamente la que enciende las alarmas. Porque cuando el torneo más importante del planeta puede resolverse parcialmente en un escritorio y sin un criterio automático, transparente y universal, el fútbol deja de parecer una competencia y empieza a parecer una administración de conveniencias.

La situación de Irán añade gravedad al escenario. Según Reuters, la federación iraní pidió que sus encuentros del Grupo G se trasladen a México, mientras Gianni Infantino ha mantenido la postura de que el calendario anunciado sigue en pie. Es decir, la FIFA se muestra inflexible con las sedes, pero conserva una llamativa flexibilidad para una eventual sustitución. Esa contradicción es todo un retrato institucional: rigidez cuando se trata de logística; ambigüedad cuando se trata de poder.

Y en medio de ese cuadro aparece Italia, una potencia histórica, mediática y comercial. Ahí nace la sospecha inevitable. Porque si se abre una vacante, la tentación de favorecer a una marca global del fútbol será enorme. No importa cuánto se disfrace de razonamiento técnico: admitir a Italia después de haber fracasado en la clasificación sería una afrenta directa al principio del mérito. Sería decirle al mundo que algunos quedan eliminados y otros simplemente quedan en espera de una oportunidad política.

El Mundial no puede ser una competencia en la que unos entran por rendimiento y otros quedan pendientes de una contingencia internacional y de una decisión discrecional. Si la FIFA permite siquiera que esa sombra crezca, estará debilitando la legitimidad del torneo antes del primer partido.

Reflexión final
Italia no necesita compasión reglamentaria: necesita reconstrucción deportiva. E Irán no puede quedar atrapado entre la guerra, la seguridad y la conveniencia organizativa. Pero, sobre todo, la FIFA no puede seguir comportándose como si la credibilidad del fútbol soportara cualquier ambigüedad. Porque cuando el mérito empieza a ceder terreno ante la discreción, el Mundial deja de ser una cima deportiva y empieza a parecer una negociación con uniforme. (Foto: Europa Press).

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