El Congreso de la República busca remodelar su complejo deportivo Fernando León de Vivero a pocas semanas de culminar su gestión. La intervención incluye cambio de césped sintético, arcos de fútbol, butacas, tribunas, cableado y reflectores. Formalmente, el Legislativo sostiene que el proceso sigue la normativa y que aún no se ha otorgado la buena pro. Pero la pregunta de fondo no es solo si el trámite es legal, sino si esta obra es realmente una prioridad para el país.
El proyecto contempla retirar 170 butacas, cambiar dos arcos metálicos por estructuras de acero, reponer 12 reflectores, intervenir tribunas y colocar 782 metros cuadrados de nuevo grass sintético. En cualquier institución, el mantenimiento puede ser necesario. Pero en política, el momento también importa. Y hacerlo al cierre de una gestión parlamentaria, cuando el país enfrenta problemas urgentes de seguridad, salud, educación, empleo e infraestructura básica, resulta cuando menos inoportuno.
Lo más llamativo es que incluso congresistas consultados han señalado que el complejo se encuentra en buen estado y que la remodelación no debería ser una prioridad. Esa crítica interna revela el absurdo: ni siquiera todos los beneficiarios directos parecen convencidos de la necesidad del gasto. Si el recinto no está colapsado, si no representa riesgo evidente y si puede esperar, entonces la pregunta vuelve con más fuerza: ¿por qué ahora?.
El problema no es el deporte ni el derecho al esparcimiento. El problema es la desconexión política. Mientras millones de peruanos esperan servicios públicos básicos, el Congreso parece concentrarse en mejorar su comodidad. La imagen es potente y amarga: ciudadanos con hospitales desabastecidos, colegios deteriorados y barrios inseguros, mientras el Parlamento discute grass, tribunas y reflectores.
La remodelación puede estar dentro de la ley, pero eso no la convierte automáticamente en una decisión prudente. Un gasto público también debe evaluarse por oportunidad, necesidad y sensibilidad social. En este caso, el Congreso vuelve a fallar en lo más elemental: leer el momento del país.
Reflexión final
El Perú no necesita un Congreso con mejor cancha, sino con mejor criterio. Porque cuando una institución política prioriza su complejo deportivo mientras el ciudadano exige soluciones urgentes, el mensaje es claro: algunos siguen jugando su propio partido, lejos de las verdaderas necesidades nacionales. (Foto: LR).
