La segunda vuelta ha empezado con una escena tan previsible como reveladora: Keiko Fujimori y Roberto Sánchez salen en busca de votos donde menos respaldo obtuvieron. Ella mira hacia el sur, territorio históricamente esquivo al fujimorismo. Él intenta abrirse paso en Lima, una capital donde su candidatura apenas logró instalarse. Ambos candidatos han descubierto, con urgencia electoral, que el Perú no se gana desde la comodidad de los bastiones propios, sino enfrentando los territorios donde más dudas, rechazos y memorias incómodas despiertan.
Keiko Fujimori intenta acercarse al sur con una estrategia de presencia territorial, discurso de abandono estatal y promesas de agua, titulación e irrigación. Son demandas legítimas, urgentes y largamente postergadas. Pero el problema no está en mencionarlas, sino en hacerlo cuando el calendario aprieta y los votos escasean. El sur peruano no es una escenografía para campaña ni una postal folclórica que se activa cada cinco años. Es una región con memoria, con heridas sociales y con una profunda desconfianza hacia una política limeña que suele llegar tarde, prometer mucho y cumplir poco.
Roberto Sánchez, por su parte, busca articular esfuerzos en Lima, especialmente con sectores laborales y organizaciones sociales. Su participación en espacios vinculados al movimiento trabajador intenta proyectar una imagen de cercanía popular y agenda social. Sin embargo, Lima no se convence solo con consignas. La capital exige respuestas concretas sobre seguridad ciudadana, empleo formal, inversión, transporte, salud y estabilidad económica. Sánchez necesita demostrar que no representa salto al vacío, improvisación ni ambigüedad ideológica.
La campaña, entonces, se convierte en una competencia por conquistar al elector desconfiado. Keiko debe intentar que el sur le crea. Sánchez debe lograr que Lima no le tema. Ambos enfrentan un mismo problema: no basta visitar, saludar, abrazar y prometer. El voto ciudadano ya no debería ser tratado como mercancía emocional de segunda vuelta.
El país merece más que giras apresuradas y discursos adaptados al lugar de turno. Keiko Fujimori y Roberto Sánchez tienen la obligación de presentar propuestas serias, verificables y responsables. El Perú necesita saber cómo gobernarán, con quiénes gobernarán y qué límites respetarán.
Reflexión final
Los votos no se cazan a última hora ni se conquistan con puesta en escena. Se ganan con coherencia, respeto y memoria. Y esta vez, el elector parece dispuesto a mirar más allá del discurso armado para la foto. (Foto: rcrperu.com).
