¿Keiko pagó con dinero público un “tour turístico” a California?

En un país donde millones de peruanos pagan impuestos entre la precariedad, la informalidad y el abandono estatal, resulta indignante conocer que Keiko Fujimori destinó fondos públicos a un viaje a California presentado como “capacitación”. Según La República, la candidata rindió cuentas ante la ONPE por S/27.927 usados en ese periplo, pero la fiscalización concluyó que no se trató de una actividad académica, sino de visitas protocolares y agenda personal. La política peruana, una vez más, parece confundir formación partidaria con turismo bien financiado.

El caso es grave porque no hablamos de dinero privado ni de una invitación familiar. Hablamos de financiamiento público directo, recursos que el Estado entrega a los partidos para fortalecer su organización, capacitar cuadros y mejorar la calidad de la democracia. Es decir, dinero de todos. Por eso, cada sol debe tener sustento, finalidad legal y utilidad pública. No puede terminar convertido en pasajes, estadías y fotografías de una gira que, según la ONPE, no acreditó una capacitación técnica real.

El informe fiscalizador señaló que las visitas a universidades, empresas tecnológicas, reuniones protocolares y encuentros con autoridades no constituyen por sí mismas actividades de capacitación. Además, la ONPE observó que la supuesta actividad académica no formaba parte de la oferta educativa institucional revisada. Fuerza Popular fue sancionada con una multa de S/198.000 por destinar fondos públicos a gastos no autorizados.

Keiko Fujimori respondió cuestionando a la ONPE y anunciando que apelará. Está en su derecho. Pero lo que la ciudadanía espera no es el libreto habitual de persecución política, sino explicaciones claras: ¿qué se aprendió?, ¿quién capacitó?, ¿cuál fue el programa académico?, ¿qué beneficio recibió el partido y, sobre todo, qué ganó el país? Porque si la respuesta son fotos, visitas y reuniones, entonces la capacitación terminó pareciéndose demasiado a un paseo con cargo al contribuyente.

Este caso no debe reducirse a una anécdota de campaña. Revela un problema mayor: partidos que reciben dinero público, pero actúan como si ese financiamiento fuera caja chica de sus dirigencias. La democracia no se fortalece pagando viajes dudosos; se fortalece formando líderes, transparentando gastos y respetando la ley.

Reflexión final
El Perú no necesita políticos que descubran California con plata pública. Necesita dirigentes que rindan cuentas sin victimizarse. Porque cuando la capacitación pasea y la transparencia se queda en Lima, el ciudadano vuelve a confirmar que algunos partidos piden confianza mientras gastan como si nadie los estuviera mirando. (Foto:LR).

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