Entradas del Mundial bajan en reventa, pero siguen caras

El costo de las entradas para el Mundial 2026 vuelve a estar en el centro del debate. Según datos de TicketData.com, el precio promedio del boleto más barato para partidos de fase de grupos cayó de 720 a 567 dólares en el último mes, una baja de 21,2%. En las últimas dos semanas, el descenso fue de 17,1%. A primera vista, parece una buena noticia para los hinchas. Pero la realidad es menos amable: incluso con la rebaja, asistir al Mundial sigue siendo un lujo para millones de aficionados.

La explicación de esta caída es relativamente simple: la FIFA liberó un nuevo lote de entradas, aumentó la oferta y eso presionó a la baja los precios en el mercado secundario. La reducción alcanzó a 87 de los 91 partidos programados en Estados Unidos y Canadá, aunque con diferencias según sede. El Levi’s Stadium de Santa Clara registró una caída de 29,5% en el último mes, mientras que el NRG Stadium de Houston bajó 22,8% en dos semanas.

Sin embargo, hablar de alivio cuando la entrada más barata promedio sigue costando 567 dólares exige cautela. Para muchas familias latinas en Estados Unidos, ese monto representa una carga considerable, más aún si se suman transporte, comida, alojamiento y otros gastos. La FIFA puede celebrar que el mercado se ajusta, pero el hincha común sigue haciendo cuentas imposibles.

Gianni Infantino ha defendido estos precios bajo el argumento de que Estados Unidos es un mercado de entretenimiento caro y que la FIFA aplica “precios de mercado”. El problema es que el Mundial no es un concierto exclusivo ni una final corporativa: es el torneo que dice representar al fútbol universal. Si la lógica de mercado termina expulsando al aficionado popular, entonces la universalidad queda reducida a un eslogan.

La contradicción se agrava con la final. Mientras algunos boletos bajan en reventa, la FIFA triplicó entradas de primera fila en el MetLife Stadium hasta 32.970 dólares. Además, en su plataforma oficial de reventa cobra 15% de comisión al comprador y 15% al vendedor. Es decir, el organismo gana en la venta original y vuelve a ganar cuando el boleto cambia de manos.

Los precios bajaron porque aumentó la oferta, no porque el Mundial se haya vuelto realmente accesible. El problema de fondo sigue intacto: una Copa del Mundo convertida en experiencia premium.

Reflexión final
Una rebaja no siempre significa justicia. Si el fútbol más popular del planeta solo puede vivirse en el estadio pagando cifras desproporcionadas, entonces el Mundial no se acerca a la gente: apenas cambia de precio mientras conserva su exclusión. (Foto: Infobae).

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